icono-sumario EDITORIAL del 15 de Mayo, Día de SAN ISIDRO

Pedro Sánchez y la plaza de toros de Las Ventas I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Excelentísimo señor Pedro Sánchez:

Un buen aficionado a los toros escribió una novela de recomendada lectura, en la que hay frases de una literatura tan humana que conmueve el pensamiento muy por encima de cualquier ideología. Hablo de Gabriel García Márquez y ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, en cuyo texto un hombre le dice a una mujer: ‘Si nos fuéramos a morir de hambre, ya nos habríamos muerto’. Si el toreo hubiera sido sentenciado a morir de hambre, ya habríamos muerto, le escribo yo. Pero tanta hambre hemos pasado, que se nos olvida lo que es comer y, así, podemos morir de cualquier cosa, pero jamás de hambre.

Hoy, día de San Isidro, tortilla de patatas en la pradera del Santo, hay toros en Las Ventas y los habrá un mes. Algunos de sus votantes estarán en esa lista de gentes cuyo trazo final estará en el horizonte de los días, interminable y pacífica, disimulando su hambre. Que no es otra que el hambre feroz que causa la indiferencia, el acoso por olvido, hambre causada por mentira, que es la peor de las hambres. Mucho peor que esa muerte que nos anuncian gentes de su partido de forma constante y que, en el caso de sus socios de legislatura, no es anuncio de muerte sino de pelotón de fusilamiento. En cualquier caso, estamos acostumbrados a nuestra propia ‘Crónica de una muerta anunciada’.

Por Las Ventas, Presidente, luego de haber fichado entrada y salida en cada laboro, sin fiestas y sin feria, en un ida y vuelta constante, centenares de miles de gentes irán desde el trabajo que se hace para ganarse el pan hacia el lugar que les es necesario para alimentar lo que el pan no sacia. Estiramos las horas de nuestros días para dar cabida a un algo esencial con el que procuramos ser hombres, mujeres, españoles, madrileños, altos, bajos, ricos, desafortunados en riqueza o medio pensionistas de la fortuna. No hay en nuestra vida cotidiana un alto en el camino en obligaciones de trabajo, en tareas de padre, hermano o amigo. A ese lugar vamos de forma irresistiblemente natural: para comer lo que el pan no sacia.

Usted me dirá que es razón esotérica o casi de secta y yo le diré que es una cuestión de un ánimo. Tenemos el ánimo que Federico García Lorca tuvo, posiblemente ese sea nuestro mal. Le recomiendo su lectura. Hablando del genio, le diré que este su país que preside y esta su capital, Madrid, rememora este año la venida desde Granada de Lorca a la Residencia de Estudiantes, hace ya medio siglo. Ese lugar, símbolo de la tolerancia y convivencia sin prohibiciones de seres superiores en cultura e ideas, que jamás desearon que nadie muriera. Al contrario, enseñaron que se puede morir por defender la libre expresión y la libre vida del que piensa distinto a mí. Le recomiendo la lectura de tantas obras sobre la vida en esa Residencia.

No nos moriremos de hambre a pesar de tener los costos económicos más duros de cualquier actividad cultural. Porque, si, Presidente, la leyenda negra de las ayudas publicas al toreo forma ya parte del serial de mentiras reiteradas que se dan por verdad. Lo sabe usted por razón de su cargo, y, si no lo sabe, ruego lea los Presupuestos Generales del Estado. Un ruego a sabiendas de su futilidad, pues sabe que es cierto. Sin duda alguna usted podría haber tratado estos temas con el recién fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, el hombre del PSOE que pasó los toros desde el Ministerio del Interior al de Cultura. Pero mucho me temo que ni siquiera este hecho irrefutable acaecido dentro de su ser, le conmueva o le haga pensar. Un día el que quizá reflejo mas y mejor el humanismo del PSOE, el profesor Tierno Galván, dijo de los toros lo que dijo, que no se lo digo porque le recomiendo su lectura. Por cierto, ¿usted lee?

No. Nos vamos a morir de hambre porque de ese hambre ya estamos muertos, pero, he aquí la paradoja, acá andamos tan vivos, sosteniéndonos las tripas con las manos. Tenemos nuestro propio Manual de Resistencia. Libro, el nuestro, escrito desde que nobles, monarcas, papas y demás poderes nos condenaran a la muerte por hambre de la que nos morimos. Resistimos. Seguimos leyendo en un país cuyo nivel de lectura es de Malta. Seguimos leyendo y trabajando y ayunando y yendo a los toros con la sentencia de muerte debajo del brazo. Ya se ha editado la edición mil millones de nuestro libro de Resistencia.

Un día, a la hora del café o cuando a sea menester, piense una cosa. Cómo es posible que un Presidente no lo sea para todos. Un Presidente que abraza, cita, cumple, señala a nuestra Constitución y sus mandatos, la ningunee en el caso de la Tauromaquia, porque, usted lo sabrá, la Tauromaquia, hoy, es un Patrimonio Cultural de los Españoles y la Constitución le obliga a usted y su gobierno a darle amparo. Otro hecho irrefutable que se le oculta a los españoles. Pero nosotros, los que iremos desde el trabajo a los toros siendo al mismo tiempo españoles, ciudadanos, contribuyentes, padre, madres, hermanos… Sin fiesta que nos guarde, sin amparo de días de asueto, con la cartera bajo el brazo, recién salidos de los exámenes o dejando a los niños al cuidado de diez euros la hora, lo sabemos.

Su Manual de Resistencia, con todo el respeto, es un mojón extraviado al sol respecto al nuestro. El nuestro es un texto de cientos de años, escrito desde el hambre, que le dice a usted que si un éxito fue ganar una moción de censura, que dice en su libro, nosotros no vamos a perderla. Porque no hay moción al no haber motivo. Porque sólo es censura. Y le digo alto y claro que somos, no se si muchos o menos muchos, pero si suficientes, los que nos rebelaremos contra cualquier censura. Somos pura resistencia. No sabemos hacer otra cosa que resistir. La historia, que paradoja, coloca a un Papa y a un rey absoluto al lado de Pablo Iglesias o de usted a la hora de censurar al toreo. Jamás podrán hacerlo. So hay que irse al maquis, para que somos buenos. Se va.

Fue la mujer del coronel la que le dijo, extraviada la razón por el hambre, ‘¿Y qué comemos?’. Y fue entonces cuando el coronel le dio la dieta contra el hambre: ‘Mierda’, le contestó. Comeremos mierda. Nosotros no comeremos nunca mierda. Nos alimenta eso que sucede a la lora de Lorca. Tiene el sabor que tiene a dignidad.