Rubén Pinar, este domingo en Albacete I TAURINOMANCHEGA2linea-punteada-firma1

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En esa infame querencia de hacer de menos a quien es grande, el toreo ha perdido su rumbo: ya no es fiesta de por y para el pueblo: solo la mitad. La otra mitad, la mitad grandiosa, la mitad de los grandiosos titulares, de las portadas de los diarios, de los ecos de los rumores del pueblo, es propiedad de de quien hace de su trabajo el indigno hacer de  menos a quien es grande: una paradoja obscena. Grande es quien se viste de luces, se anuncia con seis toros, que en Albacete no tienen interrogante, quien mete en la plaza a miles de personas y pone en juego un más allá que su vida: su buen nombre, su carrera. La fe en si mismo. Rubén Pinar se marcó un sólo de ópera grande con guarismo chico. Nada más injusto que dar poder, en pleno siglo XXI al albedrío de una sola opinión frente a torero macho y pueblo entero: un alarde medieval. Redondo con el primero de Joselito, malogrado con el de Alcurrucén cuando crecía toro y torero, importante con el de Domingo Hernández, impecable en todo con el de Victorino, listo con el otro de Joselito y solvente al máximo con el de Daniel Ruiz. Gran tarde de Pinar en el medieval palco de del medieval arte del toreo. Sin el agua al cuello, fuerte, metido en la corrida, apenas una fisura, solvente y torero. Y la espada, de libro.

Si cambiamos los géneros de quien palco ocupa y quien se jugó el todo, y es masculino el de arriba y femenino el de luces, un avispado buscador de polémica, gratis et amore, acusaría al masculino de violencia de género, siendo contenido de teles las televisiones de esta España a la que no pertenecemos. Porque la España de la media felicidad del pueblo sólo existe en la república presidencialista del toreo, donde la norma franquista del 68 (año de claveles y revoluciones, por otra parte) sigue pariendo caciques. Porque, a ver si se les mete en la cabeza, esta norma está parida allá tiempos, señora presidenta, en donde España era lo que era, el torero un golfo robagallinas y la gente del pueblo sospechosa de libre. Un tiempo, por cierto, en el que una mujer no sólo no podría aspirar a subir a un palco de toros, sino que ni entraba en un callejón. ¿Se enteran ustedes de una vez, ministros, consejeros, alcaldes, y etcéteras,  o se lo escribo en una pizarra? . 

 Pero, ni es el caso, ni lo sería aún cambiando el género citado. El culpable de parir caciques es la norma arcaica, obsoleta, infumable y rancia que dota de poder a una sola persona, a la que le concede don de dios y sabiduría de cátedra frente al populacho inservible y ligero de felicidad que necesita tutela de un ser superior, no sea que vaya a ser feliz del todo. Pero, cuando la persona de tanta sabiduría y poder hace aguas en su saber (ninguno) y retranquea su poder porque se trata del primer toro de la feria y corrida, el toreo pierde norte y sur. Porque la faena de Pinar al primero, redonda, es tan de dos orejas como inservible razonamiento contrario.

De buenas hechuras, bajo y serio, de buen son de salida, bravo en el peto y claro siempre, el primero se encontró  a Pinar de rodillas frente a chiqueros, lo toreó bien a la verónica, le hizo un cabal quite por chicuelinas y tafalleras, lo mandó venir desde el centro del ruedo para cambiarlo, poniendo al público en atención máxima desde el minuto cero. Buen toro al que pronto cogió el sitio: distancia y cruce en el cite, para torearlo limpio con el trazo por abajo en tandas muy bien ligadas con la mano derecha, mejor aún en el toreo al natural: muleta por delante, siempre dejándola en la cara. Una faena a la altura del toro de nota de la tarde, cerrando faena con luquesinas y bernadinas antes de un estoconazo. Una faena de dos orejas si o si. Añadiendo otrosí, que la Señora Presidenta, a la que se le desea máxima salud, o compañeros de palco, entregará las dos a faenas de menor valor de la feria. Se admiten apuestas. No la dio por eso de que cuidado, es la primera faena de la primera tarde y no se nos vaya a ir la feria de las manos hacia la no seriedad y rigor, que esto es Albacete, faltaba más.

Un pinchazo arriba y seis espadazos. Quites a los toros menos al de Victorino. Dos veces a puerta gayola, con tres largas más al quinto. Y, después de esa faena, una de importancia grande con el de Victorino, otra de popular importancia con el otro toro de Joselito para la que se pidieron dos orejas con insistencia, una malograda por lesión del toro cuando el pan ya se había amasado (toro de Alcurrucén)  y otra de actitud grande con el que cerró plaza. Y resulta que la ficha del festejo dice que orejas sueltas por aquí y por allí.

El de Alcurrucén, de edad grande y superior tipo, fue a más y a mejor después de comenzar sin soltarse tras los vuelos, y cuando el torero había abierto el camino al toro y se esperaba algo grande, el berrendo se parte una mano. El de Domingo Hernández, que tomó bien la muleta en dos tandas con la derecha, cambió a toro mirón y probón por el pitón izquierdo y ya no volvió a ser el mismo, mientras Pinar le buscaba las vueltas a sus medias embestidas de forma perfecta. El de Victorino, estrecho y alto, ni descolgó ni la empujó a pesar del bun trato del torero que trató de abrirle las sendas desde el buen comienzo para adelante (a cada toro le planteó el incio que le pedía su condición): reponiendo el toro sobre las manos, cara por arriba, Pinar le perdió pasos y se los ganó al mismo tiempo para colocarse para el muletazo siguiente en faena perfecta de brazos y piernas. Puede que hubiera una “pájara”, allá en las poncinas del quinto, toro de movilidad pero sin clase, bien resueltas con un toreo de arrebato y testosterona antes de una magnífica estocada, faena para la que se pidieron las dos orejas.

Una más le cortó al de Daniel Ruiz, toro enrazado, exigente, que no se rebosó en los vuelos de la muleta, en el final de una tarde en el que la palabra solvencia dice poco y es injusta. Porque el toreo de Pinar fue cabal, casi siempre eligiendo lo correcto en lidia, terreno, distancia, altura, trazo del muletazo. Y si alguna vez sufrió, no se notó, ni echó los perros al palco, que bien podría haber gesticulado que en su derecho estaba. En los palcos,  la norma franquista, autoritaria, medieval y sectaria del año de 1968, única norma dictatorial vigente en España, sigue pariendo caciques. Y nadie hace nada para evitarlo.

GALERÍA DE LA PRIMERA DE LA FERIA DE ALBACETE

ASÍ TE HEMOS CONTADO EN DIRECTO LA ENCERRONA DE PINAR

logo-mundotoro-fichas-crónicas Plaza de toros de Albacete. Primera de la Feria de la Virgen de los Llanos. Más de tres cuartos den entrada. Toros por este orden de Toros de La Reina, Alcurrucén, Domingo Hernández, Victorino Martín, Ganadería El Tajo y Daniel Ruiz,
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Rubén Pinar actuó en solitario con el siguiente balance, oreja con petición de la segunda y bronca al palco; ovación; ovación tras petición leve; oreja; oreja con fuerte petición de la segunda; oreja.

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