Sin enseñar las nalgas I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Andan las sesudas mentes recomponiéndose del ko en el primer asalto infringido por Santiago Abascal. Resulta que si, que al sonar la campana el aspirante le conectó una combinación ortodoxa y clásica, jab con la zurda y recto con la derecha. Ahora les entra lo que le entra al boxeador que pierde el cinturón de campeón cuando, de tanto mirarse al espejo de campeón, perdió talento, capacidad de encaje y pegada. Abascal crece en el ring de la política a un ritmo vertiginoso, llevando la pelea al rincón de la distancia corta en donde sus rivales ya no están preparados para el box. La cintura se les llenó de grasa y la mente de pavor, amanerados por tanta endogamia, acunados por tanta corruptela, mecidos en esa hamaca de lo pusilánime. Ese boxeador que creía que todo era leve entreno con sparring de mentira, ha ido a la lona. Pero el box es de verdad, como la política es de verdad y como España es de verdad.

Al grito de cuidado con la ultra derecha, término que trata de alertar al lobo del facha comeniños y matarojos, como único y gran argumento intelectual para que los españoles sientan la alarma del miedo en sus ADN histórico, ha ido un fracaso estrepitoso. Primero, porque viene de lugares donde se dejó engordar al campeón: un centro derecha enmariguanado por la indolencia de carácter y una izquierda que se retroalimentó de la ultra izquierda, que, al parecer, jamás ha existido pero si lo ultra de derechas. El miedo del 36 no existe en el español, por mucho que ese haya sido el argumento de la generación de políticos más inculta, insulsa, mentirosilla,  banal y pusilánime de nuestra democracia. Ya no existen los miedos del 36, sino el temor al presente y al futuro de este país. A ver si se enteran.

Al campeón se le olvidó que el boxeo, la política, la sociedad, ha evolucionado algo desde el 36 en técnica, talento, preparación y pegada. Resulta que mandamos a casa a la generación de los González y Aznar para que llegaran esos que resulta que ni título decente tenían sino robado, como no tenían talento político ni discurso de estado para la democracia de los españoles. Pedro Sánchez y la ultra izquierda, pareja del que no se sabe quien es el mozo de espadas de quien, envolvieron a los españoles con la memeces del lenguaje de género, con eso de los huesos del dictador, la España si pero depende, fuera toros, viva el animalismo, fuera caza, pesca, adiós mundo rural y cruel. Rivera se mira la cartera a ver si le falta algún voto que lograr de los dos lados como el boxeador que analiza como ganar sin recibir golpe alguno, porque tiene mandíbula de cristal.

Casado esprintó hacia la derecha tarde y mal, entrenado por un entrenador, Rajoy, que basó su box en no usar su pegada sino las piernas en movimientos laterales que, el segundo round, ya eran conocidos hasta para el espectador más novato. Iglesias, como todo deportista de Estado de las épocas totalitarias, planteó la estrategia del boxeador al que le sirve pasear su bandera con la estrella roja. Y, en medio de ellos, esos boxeadores sin más reglas que el golpe bajo, el entrar con la cabeza recta, el marrullero, Rufianes y Puigdemonts, que, lejos de ser descalificados, fueron aliados de interés dotando a la política española de un frentismo inusitado de trincheras a modo de la pre Guerra Civil, alimentado dos Españas que, en 2018, deberían haberse hecho pasado inerte.

Ha sido y es esta forma de decir que el toro es facha, que la caza es facha, que el trigo es facha, que mascotismo es progre, que el ellos y ellas es la hostia, lo que les engordó la barriga y les aplatanó su plano cerebro, mal asunto para un campeón si de verdad quiere defender el título. Ha sido esa forma de dar de comer a su España quitando el pan a la otra, el recurso rastrero que no alimentó a  la democracia sino que  resucitó  enconos y los odios, ha sido esa forma guerracivilista de presentarnos la política, la que ahora comienza a pasarles factura. Los españoles no quieren más 36, les queda lejos. Los españoles quieren más y mejor libertad seguridad, trabajo, buena educación, tolerancia para con el tolerante pero no con el agresor. Los españoles quieren España. Y si decir que los Españoles quieren (a) España es de fachas, es que alguien ha perdido moral y juicio.

No es baladí, sino paradigmático, que ninguno de los grandes partidos hayan tenido la más mínima consideración o dignidad cuando un medio representativo del mundo de la tauromaquia y apegado al ruralismo como mundotoro, al ser encuestados sobre fácil asunto: que pasa con la Tauromaquia. Ni siquiera el PP. Y, por primera vez, muchos de los públicos del toro y de lo rural, millones en España, han ido a ver boxear a Santiago Abascal. Lo que jamás logró ninguna institución del toreo, asociación o que se le parezca, metidos en el silencio miedoso y convencional hacia los partidos que jamás han prometido con firmeza un futuro para la Tauromaquia, lo ha logrado la gente, la gente.

Nicolas Maquiavelo en ‘El Príncipe’ afirmó que ‘cuando se hace daño al otro es menester hacérselo de tal manera que le sea imposible vengarse’. No es gratis el miedo. Como no lo es esa forma de avasallar, de insultar, de prohibir, de adocenar y quitar decencia y dignidad a las gentes. Las gentes tragan hasta que dejan de tragar. En política todo es posible, pero nada de lo que se haga para ser posible, es gratis. Siempre se nos dijo que la Tauromaquia era transversal. Sin ideología. Lo es en el sentido de que hay gentes de todos los partidos de una decencia cultural, moral y ética intachables respecto al toreo. Pero la disciplina de partido manda en ellos y, ya se vio en Barcelona, cuando el PSOE, la única vez en toda su historia, dio libertad de voto a sus huestes porque el voto de partido a favor del toreo era una lacra.

Ya lo hizo Ciudadanos, abanderado de la ley animalista estatal que daría la puntilla al toreo. Si el toreo es transversal lo es como cultura, lo es como libertad de acceso a la misma, lo es como Patrimonio legalmente reconocido en todo el país, lo es como actividad amparada por la Constitución vigente. Es transversal en igualdad de condiciones respecto a todos y todo lo demás. Pero perseguido, violentado, olvidado, arruinado, estigmatizado, no es transversal ni es nada. Es un algo roto y rajado y herido y humillado por quienes jamás han tenido la decencia de mirarlo a los ojos y prometerle igualdad de condiciones y libertad de futuro.

Ellos, los políticos, han sido quienes han politizado el toreo con su indiferencia y abandono mientras es perseguido. Ellos han sido los que han dicho que este derecho Constitucional que tenemos, no lo tenemos en tantos lugares del país. Un neo fascismo rosa teñido de progresismo inculto, grosero y violento. Y, por primera vez, desde la política, alguien ha hablado alto y claro mientras los demás enseñan las nalgas por el ring.

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