Tomás Campos, el pasado año en Dax I ROLAND COSTEDOADlinea-punteada-firma1

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Francia es a veces bálsamo y a veces vidente. Hace de abrigo y de adivino. Protege y saca toreros. Y apoya a los que tienen condiciones. Incluso antes que en su propio país. Ejemplos hay miles. El Cid y Emilio de Justo quizá sean los últimos que han roto a lo grande, pero sólo tirando de memoria salen a colación otros muchos que recibieron cobijo en la Galia cuando en la Península miraban para otro lado…

El último es Tomás Campos. El extremeño se presentó como matador allende los Pirineos en 2015, en Mimizán, salió en hombros, y comenzó a fraguar un vínculo con una tierra que tiene memoria y da ejemplo. Tres Puertas Grandes más en 2017 (Orthez, La Brede y, de nuevo, Mimizán) que le proporcionaron un brillante debut el pasado curso en Dax y Bayona, donde volvió a puntuar y la gente siguió hablando de él.

Este domingo suma en Saint Vincent de Tyrosse su primer paseíllo de la temporada en aquel país para lidiar una corrida de Pereda junto a Dufau y Daniel Luque. Después de lo que se intuyó en Arnedo y en su más que interesante paso por San Isidro no es arriesgado vaticinar que algo sucederá en Las Landas, la posada de Tomás Campos en su camino hacia la élite.

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