Fernando Domecq, a través del obejtivo de Berho I MAURICE BERHOlinea-punteada-firma1

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Admirado Fernando:

A pesar de todo, seguimos siendo un pueblo ritual. Una cuestión, como hablamos una vez en Olivenza, que beneficia a nuestra imaginación y da de comer a nuestra sensibilidad, siempre afinadas. Siempre despiertas. Entonces yo era becerro sin herrar, te pido disculpas. Hoy, aún en trance de aprender pero desestimando ya lo que me vale madre, podría haberte seguido el paso en aquel escuchar. Para decirte esto que se puede leer en El Principito de Antoine Saint-Exupery. “¿Qué es un rito-dijo el principito.- Es algo demasiado olvidado, le contestó el zorro. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días”. Tu sabías que el toreo es el rito que hace que un día no sea la desdicha de ser igual al otro.

Cada vez que hablabas lo hacías al galope, pero como ya sabía tus querencias del toro bravo y del toreo bueno, yo hacía trampa y buscaba un atajo. Porque jamás variaste el paso: era y es por abajo y enganchando las embestidas, era y es cuando se mueren las inercias, era y es reducir las embestidas, enroscarse, dejarla puesta y muerta ahí en el hocico y era y es vuelos por debajo de la pala del pitón. El toreo y el rito me han ayudado a conocer a gentes que han vivido, reído, amado, pensado, trabajado, creado y todo lo que sea, al galope. Con buen tranco Fernando, a golpe de riñón. Eso es la pasión. Era la tuya. Todo tu eras pasión.

La pasión es no tomar ninguna decisión por la que sintamos un irrenunciable entusiasmo. La pasión es lo que hace que nada comience porque nada termina, como la vida. Estemos o no metidos en ella, sigue. Sigue esa idea de toro tuya porque ese toro es pasión pura. El de manos cortas, el de perfil serio, el de cuello largo, el de cruz baja, el hecho para torear. Por dentro un deseo no entregarse a cualquiera, que eso es vulgar. Entregarse al toreo bueno.

Hoy anda la pasión puesta en entredicho. Un juez ha mandado llamar a testificar a una perra mascota. No me lo invento, Fernando. Tres mil seiscientos españoles se quitaron la vida el año pasado sin que nadie mire al cielo de vergüenza y de culpa. El campo predice un desierto. En las ciudades ya no existe la palabra ganadero, la de agricultor es una reliquia. Y todo porque la pasión ha sido desterrada de nuestras vidas. El hombre, cada vez más, es un aspirante a ser un ninguno. Un ninguno es lo que antes era un alguien. Con su pasión y su todo. La pasión, dicen, es enfermedad que padecemos algunos. Una vez me dijeron como se curaba. Pero me dio pereza. La que a ti te daba el toreo y el toro desapasionado.

Ya no queda gente que, al mismo tiempo que desviste por la noche, se desviste la piel. Y hay que quitarse la piel al mismo tiempo que la calzona y que las espuelas. Vestirse de nuevo y meterse de nuevo en una piel cada mañana. Que la vida nos vea en estado de revista, que nada sea igual a ayer. Un día hablamos que un torero se cambia la piel cada vez que se quita el vestido de luces. Y que al vestirse de nuevo se calza una nueva, se la abotona, se ata sus machos en nudos artesanos que sujetan y fijan y arman de valor al cuerpo. No se renuncia al miedo. Pero el hombre que deja su piel vieja al lado de los zapatos y se la viste nueva al día siguiente, se toma un cafelito con el miedo. Para eso hay que tener pasión. Sólo con pasión se puede vencer al miedo.

Has sido un ganadero grande. Porque, posiblemente hayas sido ganadero de ganaderos. Tu hermano Juan Pedro lo fue. Borja lo es. Olvida esas cosas que surgen cuando se escucha “Domecq” en los toros. Nunca los rayos fueron al suelo, sino a las cumbres. La mayoría de tus contemporáneos y las nuevas generaciones de ganaderos te han considerado un referente. Y, creo sinceramente, que hoy ser referente es un algo escaso y, no se, quizá no muy rentable. La pasión no es rentable, pero es la hostia. Lo bueno es que tu ganadería en nuevas manos, goza de buena salud y futuro.

Todo aquel que no torea con la pasión de una piel nueva, que no escribe hasta doler, que no cría un toro apasionadamente, es un eunuco de sangre impostada. En la era donde lo correcto es la frontera de los éxitos te dedico eso de “un carajo para lo correcto”. La pasión esta condenada al fracaso porque el poeta dice que el que ama, pierde. Puede ser. Pero, deja que te diga un secreto. Es posible albergar otra, siempre dispuesta, siempre de repuesto de la que se muere.

Séneca, el más estoico, dijo que un hombre sin pasión está tan cerca de la estupidez que solo le hace falta abrir la boca para caer en ella. Y termino como comencé. A pesar de todo y de muchos, seguimos siendo un país de ritos. De pasiones. Siempre los corazones en pie de guerra, siempre el alma calzada con las espuelas. El mundo se hizo al galope, Fernando. La pasión que pusiste tu en este mundo que no se va a terminar nunca si cada vez que alguien se quita las espuelas de noche, se quita la piel y el alma para ponerse otra. Si cada torero, al ponerse el vestido de luces, se pone otra piel para ofrecerla a un nuevo toro una nueva tarde. Si cada becerro es una maravillosa posibilidad de bravura.