icono-sumario El Consistorio, de mayoría socialista, comunica a la Casa Pía el final de la obligatoriedad de celebrar espectáculos taurinos en el coso lisboeta

El coso de Campo Pequeno, en imagen de archivo I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

FRANCISCO MORGADO > Lisboa (Portugal)linea-pie-fotos-noticias

La plaza de toros de Campo Pequeno, es propiedad de Casa Pia de Lisboa, que la construyó en 1892, con la intención de recaudar fondos para sus obras a los desvalidos, principalmente niños desprotegidos de familias problemáticas. Los terrenos donde está edificada fueran cedidos sin coste por la edilidad de la capital, con una claúsula de respaldo que obligaba la Casa Pia a realizar espectáculos taurinos, una vez que Campo Pequeno iba a sustituir a la antigua plaza que había en otro local de Lisboa.

Desde entonces, en todos los contratos de sublocación para la explotación del espacio a otras entidades, hay una claúsula que obliga a que estas entidades hagan espectáculos taurinos, aparte de poder tener otras iniciativas artísticas.

Pues ahora, la edilidad de la capital, de mayoría socialista, maniobrada desde dentro por los movimientos que son en contra de la Tauromaquia, han quebrado esta centenar disposición, hecha en defensa de los gustos de los capitalinos y, sorprendió a todos, comunicando a Casa Pia, que terminaba la obligatoriedad en vigor hasta ahora.
Lo que parece ser una decisión sin importancia de mayor, tiene encapotado un ataque fuerte y fundamental cara al futuro de las corridas en la capital de Portugal.

Todos saben que Lisboa se puso de moda y que hay por aquí una presión mobiliaria muy fuerte. Campo Pequeno, después de sus obras de recalificación, quedó en condiciones de realizar también, entre otros, espectáculos musicales, e incluso se le calificó ya como el segundo recinto más apropiado para este fin en la ciudad. Pero, por ese inconveniente que había, los grandes grupos económicos no tenían ‘gula’ por este espacio, lo que acaba a partir de este momento.

La Fiesta en la capital de Portugal está, ahora sí, en un risco serio sobre su continuidad y, por un ato administrativo de una edilidad que, de espaldas a sus ciudadanos, está más atenta a las convicciones de la actual moda urbana.

Esta es la noticia que hacemos con una rabia sorda y que no queríamos dar nunca, pero ignorar seria poner en las manos que estrangulan la fiesta un argumento más. Ojalá nos equivoquemos sobre el futuro, pero las esperanzas son escasas.