Vídeo de la actuación de Urdiales en Santander I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Rompió plaza un toro largo, hondo y bien presentado de Juan Pedro Domecq, que tuvo ritmo y celo de salida. Lo toreó con cadencia Diego Urdiales en un notable saludo a la verónica. Templado. Media y revolvera de rúbrica. El quite, por chicuelinas. Empujó y derribó en el paso por el caballo. Pese a que perdió las manos por el estado del ruedo, acondicionado con serrín antes del paseíllo, tuvo motor y movilidad. Eso sí, nunca humilló.

Urdiales comenzó, sobrio, con muletazos por bajo con clásica torería. Luego, muy firme y asentado, le ofreció muleta poderosa para tratar que descolgara, pero no se empleó por abajo el de Juan Pedro que, sí permitió ligarle las tandas, pese a faltar emoción. Tras estocada caída, asomaron los pañuelos, pero el palco no concedió el premio. Ovación.

Hondo, con mucha caja, el cuarto, agradable de hechuras, fue un cetáceo que superó holgadamente los 600 kilos. Le enjaretó un ramillete de buenas verónicas Urdiales, cargando la suerte en cada lance con un toro que no humilló. Cumplió en varas y hubo que llegarle en banderillas. Comenzó en los medios Urdiales y ahí transcurrió todo el trasteo, marcado por la falta de entrega del toro, de embestida dormida y que jamás descolgó.

El de Arnedo, con aplomo, logró correr la mano en redondo y también dibujó naturales de nota. Por ese pitón, con el toro acusando ya su excesiva romana, de uno en uno, provocando su embestida siempre, echando los vuelos y enganchando las arrancadas del burel, a menos. Con pureza. Una tanda más junto a tablas complicó luego cuadrar al toro y, además, el riojano no lo vio claro, por lo que el, casi seguro, premio esfumó.


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