ÁLVARO ACEVEDO

SEVILLA (España). José Antonio Morante de la Puebla parece algo indiferente a todas las apuestas de principios de temporada. Indiferente a su posición de salida, a su auténtica proyección, al sitio que ocupa, al que puede alcanzar o en el que se puede quedar si no aprieta el acelerador. También parece ajeno al empeño de sus seguidores por convertirlo en máxima figura y al denuedo con que sus detractores minimizan su arte supremo. A Morante, lo que le interesa de verdad es torear cada vez mejor, que ya es difícil en su caso, y lo demás, si tiene que venir, vendrá por añadidura.

“No me preocupan demasiado los números, las orejas -comienza diciendo Moranteporque lo que de verdad me importa es disfrutar toreando y crear ilusión en la gente. Sé que si me embiste un toro, soy capaz de torearlo mejor que nunca. Eso es por lo que lucho y lo que me mantiene tranquilo”.

– Dices que si te embiste un toro. ¿Y si no te embiste, cuál va a ser la actitud de Morante?
– Bueno, primero lo que quiero dejar claro es que yo tampoco necesito un toro muy especial, pero por mi manera de concebir el toreo no puedo estar bien todas las tardes. Si sale malo nunca sé como voy a reaccionar. Lo mismo me monto en lo alto que me lo quito de en medio con decoro.

– Pero dentro de tu corte artista, puede decirse que eres un torero de una regularidad bastante notable.
– Sí, lo que sucede es que ahora existe una baraja de toreros que cortan las orejas prácticamente todas las tardes y mantener ese ritmo teniendo otras cualidades diferentes es muy difícil. Sólo es posible si tengo la suerte de encontrar esos toros con mínimas garantías que me permitan hacer mi toreo.

– Sin embargo, han existido rachas en que tú les has aguantado el tirón a toreros como José Tomás, El Juli o Enrique Ponce.
– Lo he demostrado muchas veces, pero me supone un auténtico esfuerzo porque va contra mi manera de entender el toreo.

– Pero esa actitud es necesaria para ser máxima figura del toreo.
– Por supuesto, cuando yo empezaba quería ser la primera figura. Pero ahora, con el tiempo, a lo que aspiro es a sentirme feliz con lo que hago, a torear en categoría, en los carteles grandes y con los toros que me apetezcan, independientemente de sumar muchas tardes y orejas. Creo que esa es una manera de ser figura del toreo, aunque para alcanzarla es necesario cuajar muchos toros, y si es posible cuajarlos mejor que los demás, o por lo menos de manera diferente. Para eso, te repito que es imprescindible algo de suerte con los toros.

– El año pasado, al empezar la temporada, estabas más en primera línea que este año, casi con la misma expectación que José Tomás y El Juli, por ejemplo.
– Las circunstancias eran diferentes. Yo cuajé a finales de 1999 ocho o diez toros seguidos y de repente llegó la lesión que me tuvo tres meses en la cama. Entonces era una novedad. Me había quedado parado cuando contaba con un gran cartel, por lo que todo el mundo estaba deseando volver a verme.

– Pero cuando reapareciste, parecía que tuvieras la misma seguridad, el mismo sitio que antes. ¿Tienes ahora menos?
– No lo sé, y hasta que no salga el toro no lo sabrá nadie. No me gusta alardear porque el toro ya se encargará de ponernos a cada uno en nuestro sitio. Lo que te aseguro es que ahora tengo más capacidad para la inspiración, para crear una obra de arte con la máxima pureza.

– Hablas mucho de la inspiración, algo lógico en un torero artista. ¿Pero no te atrae ganarle la pelea, a tu manera, a los que están en la cima?
– Me gustaría pero no me obsesiona. Te repito que mi única obsesión es disfrutar toreando y crear ilusión.

– ¿Te ha faltado hasta ahora el apoderado que sepa de verdad lo que necesitas?
– No lo sé. Las corridas que he toreado han sido siempre porque yo he querido, pero a veces los toreros nos equivocamos, porque no somos apoderados. Quizá ha faltado una persona con la experiencia suficiente para calibrar el momento en el que estoy y supiera tranquilizarme y hacer lo que realmente a mí me convenía, y no lo que yo en cada momento quisiera.

– ¿Has encontrado en Camará a esa persona?
– Creo que sí. Me habla siempre de forma muy clara y todo lo razona desde la experiencia que le dan los años.

– ¿Y tú eres muy cabezota, o eres fácil de convencer?
– Suelo ser testarudo en un momento determinado, cuando estoy en caliente, porque tengo bastante amor propio. Luego, cuando me siento a pensar las cosas cambio bastante, sobre todo cuando tengo gente a mi lado que me hace comprender algunas cosas.

– ¿Por eso has aceptado al final torear dos corridas en Sevilla en vez de quedarte fuera de la feria?
– No. En Sevilla estoy sobre todo por una cuestión interior, porque me ayuda a vivir. He sentido tantas cosas bonitas en la Maestranza que no quería quedarme fuera.

– Por cierto, lo de la casa Canorea y tú va camino de ser un conflicto perenne.
– Siempre han existido problemas entre nosotros que por cierto, yo me he encargado de solventar con la espada y la muleta.

– ¿Te empieza a cansar esta situación?
– Creo que un torero que se juega la vida, que da su vida por Sevilla y que triunfa en Sevilla un año sí y otro también, no merece ser contratado el último. No es la primera vez que me pasa y, más que estar cansado de la situación, lo que estoy es dolido.

– ¿Has pensado alguna vez en hablar con él cara a cara?
– Hay gente más preparada para eso. Yo prefiero hablar con la espada y la muleta.

El año pasado, tras la Feria de Abril, firmaste muchas corridas con categoría y dinero. ¿Te preocupa cómo se puede poner tu temporada si no hay suerte en Sevilla o en Madrid, tras tu ausencia de Fallas y Castellón?
Es algo que me preocupa, pero en lo que no pienso apenas. Mi mentalidad está justamente en lo contrario. En que voy a triunfar en Sevilla y Madrid. Luego sucederá lo que Dios quiera, pero ese riesgo lo corremos todos los toreros, no solamente yo.

– Y por el dinero que ganaste el año pasado ¿pueden pasarte factura algunos empresarios?
– Bueno, yo no he atracado a nadie. La prueba es que estuve en casi todas las ferias. Si hubiese pedido barbaridades hubiera toreado mucho menos. Además, si a un torero le dan un dinero será porque interesa. A ningún empresario le obligan a contratarte.

– De la temporada en general, ¿qué es lo que te inquieta?
Pues que cuando acabe no se hable de Morante de la Puebla, porque hasta ahora, se sigue hablando. Sería señal que no he cuajado toros como el año pasado. A pesar de ser una temporada muy complicada realicé faenas que hacen que la gente esté pendiente mía.

– ¿Quizá sea una señal importante de la clase de torero que eres? Quiero decir que eres un privilegiado que puedes encajar en cualquier cartel de relumbrón y que cuando cuajas un toro todo el mundo habla otra vez de ti.
Es cierto, pero nadie puede asegurar nada. A lo peor se tuercen las cosas y el año que viene no cuento para nadie. Es difícil, pero en el mundo del toro puede pasar cualquier cosa, más si te crees que eres alguien.

FOTOGRAFÍAS: MAURICE BERHO.

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