ÁLVARO ACEVEDO

MADRID (España). Espartaco dice adiós. Una figura del toreo que impuso su ley durante casi una década se marcha dejando atrás un catálogo de lecciones para los que vengan luego. Primero batalló en la segunda fila y a bocados se colocó en lo más alto. Ya en la cumbre, demostró lo que hay que hacer para mandar en el toreo sin dañar a nadie, sólo con la espada y la muleta. Finalmente, una maldita lesión de rodilla sirvió para que Juan Antonio mostrara su espíritu de lucha, el que tuvo toda la vida, en su grado máximo y durante cuatro años de recuperación. Ahora se despide con el orgullo del que lo ha conseguido todo y tras una temporada en la que ha disfrutado cuajando toros, palpando el cariño del público y sintiendo el respeto de sus compañeros.

Estoy tranquilo dentro de lo que cabe, porque es una tarde especial en la que se van a mezclar muchas emociones, muchos recuerdos“, comienza diciendo Espartaco tres días antes de su despedida en la Maestranza. El torero está contento y apenas hay lugar para la melancolía. ” Ten en cuenta -aclara Juan Antonio- que mi retirada no significa que deje de torear festivales, tentaderos y a lo mejor hasta alguna corrida benéfica, aunque sí es cierto que voy a echar de menos ese día a día con mi cuadrilla, ese ir y venir, los miedos, los triunfos…”

La del 29 de septiembre en Sevilla será una tarde ” para saborear que he llegado a mi objetivo”, declara Espartaco, el objetivo de lograrlo todo en el toreo. Una tarde en la misma plaza donde hace dieciséis años el toro ´Facultades´ de Manolo González se encontró en el camino de un Juan Antonio aburrido que estaba a punto de hacerse banderillero. “Ahora recuerdo aquella faena –confiesa Juan- y la siento cercana y lejos a la vez. Llegó en un momento en el que mi futuro era muy incierto, pero tras aquel triunfo las preocupaciones continuaron porque tenía que seguir apretando una vez que había logrado despegar. Fueron tiempos muy bonitos, pero no los cambio por los de ahora”.

ESPARTACO EN EL 2001

En su última temporada, lejana ya la época de pelear sólo como primera figura del toreo, Espartaco asegura haber disfrutado mucho cuajando toros muy importantes. También confiesa haber pasado mucho miedo, pero sobre todo se alegra por el trato recibido: ” En cada tarde, el público y mis compañeros me han tratado de una manera especial. He recibido brindis de muchos toreros y la gente, que sabía que no me iba a ver más en su plaza de toros, me ha tratado con un respeto impresionante, incluso en las corridas en las que he estado mal”.

Toreros, público, pero ¿y la prensa?. ” Siempre he sido respetuoso con las críticas y he sabido aceptar los ´palos´. Me voy sin odio ni rencor hacia nadie”, asegura el torero.

Sin embargo, a nadie escapa que muchos cronistas que lo ensalzaban en su mejor época, fueron atacando a Espartaco con la llegada de otras figuras. ” Es normal -comenta- porque lo fácil es montarse al tren de las modas. Creo que lo justo sería analizar a cada torero según su momento, la etapa en la que está y las circunstancias que le rodean, pero hay que tener mucha personalidad para escribir de toros sin tener en cuenta lo que pueden pensar de ello terceras personas. Esos periodistas a los que le gusta un torero y cuando llega otro ya niegan al anterior están en un error, porque van a estar desdiciéndose toda la vida. En la cabeza de un buen aficionado no puede caber una sola manera de torear”.

OCHO AÑOS MANDANDO

Mandar en el toreo un rato no es fácil, pero hacerlo durante ocho años es algo reservado para los privilegiados. Espartaco, que impuso su ley en la Fiesta todo ese tiempo, confiesa que aquello era tan bonito como difícil. ” Todo lo que pasaba en el toreo era culpa mía. Si el toro se caía, si no embestía, si se escobillaba, si no iba la gente a la plaza…Soportar eso sólo es posible si eres de una naturaleza especial, pero también si te toca en el momento adecuado. Yo fui capaz de hacerlo durante ocho años a fuerza de triunfar y dar la cara en todas las plazas, de hacer gestas, de impedir que me ganaran el tirón. Por eso-continúa Juan Antonio- cuando llegaron otros toreros como Enrique Ponce y César Rincón para tomar el relevo yo me alegré mucho, te lo digo en serio, porque todo tiene un límite y tenía que empezar a disfrutar del toreo pero de otra manera”.

Esa otra manera, la de hacer el paseíllo sin todo el peso del toreo a sus espaldas, le permitió a Espartaco dar un paso más en el perfeccionamiento de su tauromaquia: ” Cuando me puse arriba a fuerza de apretar y dar zarpazos, fui mejorando año a año, porque la gente cada vez te pide más y tú tienes que ser capaz de dárselo o de lo contrario vuelves a quedarte en la segunda fila. Pero una vez que cedí el primer lugar, ahí sí que disfruté plenamente del toreo, y cuando más lo estaba haciendo llegó la lesión de rodilla que me tuvo cuatro años parado”.

LA ÚLTIMA LECCIÓN DE ESPARTACO

De aquella lesión de ligamentos en un partido de fútbol benéfico, de las recaídas, de las operaciones, de los viajes a Estados Unidos, ya no queda nada. Todo está olvidado y el maestro de Espartinas se enorgullece de cómo superó aquello, ” porque sin aquella lucha titánica ahora no estaría aquí, sabiendo que me voy porque quiero y cuando quiero”. Pero lo que sí queda de aquel calvario es la actitud del torero con toda la gloria alcanzada, dispuesto a luchar hasta el final, en lo que supone el más grandioso ejemplo dentro de una trayectoria ya de por sí ejemplar.

Ahora Juan Antonio ya sólo piensa en la tarde de su despedida, donde se mezclarán la felicidad y la añoranza, la alegría y la tristeza, la emoción y a la vez el respeto a dos toros que esperan en chiqueros ajenos a cualquier tipo de sentimiento. Espartaco hará el último paseíllo con todo el deber cumplido, con la conciencia inmaculada y con toda su gente situada en la vida. Espartaco se va sin que le quede nada por hacer: enhorabuena torero.

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