icono-sumario Que se les explique a los españoles por qué cojones (castellano presente y perfecto) pueden legislar en contra de Patrimonio de todos recogido en Ley y amparado por la Constitución

icono-sumario Se oculta a los españoles que el ‘bienestarismo animal’ no es otra cosa que el desarrollo del mercado urbanita en detrimento de lo rural

icono-sumario Hemos mal entendido el término cultura por otro de postureo cultureta que nos ha metido en la quiebra

A la luz de las velas I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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No se quien lo dijo, pero lo dijo mal y escaso: la ignorancia es atrevida. No lo es, o, al menos, ya no lo es, toda vez que este país aun llamado España ha perdido el temor a la ignorancia y ha transformado el atrevimiento en revisionismo. La pretensión legal de Baleares a través de una rama de Podemos, otra rama del PSOESIESQUEXISTE (la fragmentación de la coherencia de este partido ya resulta enfermiza) y otra rama de no sé qué rama, retrata a esta España en donde la Constitución es un as en la manga, y nunca la misma baraja para todos los españoles.

Un acto inconstitucional dejó a Barcelona sin toros sin que nadie haya respondido por ello y sin que nadie dentro del Estado actuara antes del desafuero. Menos mal que el Estado y su Gobierno mantienen mayor diligencia con el separatismo ilegal catalán, haciendo actuar a las instituciones antes del mal (referéndum) y no después del mismo. Nos enfrentamos a una paradoja de un país estúpido que es capaz de acoger semejante contradicción de estúpidos: la Tauromaquia es Patrimonio Cultural de los españoles según la ley. Pero ya no se puede desarrollar ni en Cataluña ni en Baleares. Por tanto, podemos concluir con toda lógica que: uno, Baleares y Cataluña ya no son España y por tanto pueden prohibir una manifestación cultural declarada por Ley.

O, dos, la Tauromaquia no es Patrimonio Cultural de los españoles a pesar de que así lo dice la Ley, amparadas éstas (ley y Tauromaquia) por la Constitución. Que Baleares y Cataluña no son España puede ser cierto. Llevan mofándose del resto del Estado y de las Instituciones y leyes años y años. Porque si resulta que no hay duda de que forman parte de España, que se les explique a los españoles por qué cojones (castellano presente y perfecto) pueden legislar en contra de Patrimonio de todos recogido en Ley y amparado por la Constitución.

Otra paradoja de este país que no quiere ver ni el legislador ni el propio Estado es la siguiente. Se considera la legislación animalista como un logro social  del siglo XXI. Un ‘avance social’, como en su día fue el derecho al voto o el derecho al descanso en el trabajo. Para perros y gatos de ciudad. Llevamos legislando en la Comunidades Autónomas diversas leyes del llamado ‘bienestar animal’ desde los años 90. Leyes que entran en conflicto con dos cuestiones: una, con los derechos individuales de los españoles (caza, pesca, pastoreo, tauromaquia…) y otra, con el propio derecho del animal, pues las leyes bienestaristas no son otra cosa que la autopista para el maltrato y la desnaturalización de los animales y la vía rápida para el desarrollo del mercado de las multinacionales del mascostismo.

Esta realidad social, legal y económica se oculta a los españoles. ¿Por qué? Se oculta a los españoles que el ‘bienestarismo animal’ no es otra cosa que el desarrollo del mercado urbanita en detrimento de lo rural, con una previsión aterradora del anterior Gobierno: para el año 2047 la población rural apenas alcanzará el 9 por ciento. El desastre ecológico, social, cultural y económico será desgarrador. Pero nadie dice nada. Nadie pone este debate de una España futura irreconocible e irreversible.

Las nuevas generaciones de políticos, mal formadas, deformadas y sectarias, han aprovechado el descontento de la crisis y los mangazos de ladrones de muchos del PP y del PSOE para popularizar un revisionismo histórico que consiste en que lo que ellos piensan es lo bueno y lo que piensan los demás es lo malo. Un maniqueísmo barato, absurdo, sectario y excluyente que cercena la esencia de la democracia y convierte al sistema en un matonismo revanchista. Que beneficia a alguien. Esta clase política subvencionada (lo está) no ha encontrado freno en la política que ya estaba. Al contrario, por la izquierda el PSOE les come la boca para gobernar o rivaliza en ‘modernismos bienestaristas’ para no perder votos frente a Podemos y sus satélites. Y la derecha anda entre querer ser moderno a base de guiños estúpidos al mismo binestarismo animal, caso de Ciudadanos, y desde el PP, la audacia escasea bajo la sombra de los juicios por corrupción.

España, si es que existe aún, es un gallinero sin gallo a merced del zorro, y la Tauromaquia es el ejemplo evidente de esta situación (Ortega: basta con mirar que le sucede a la Tauromaquia para saber que le sucede al país). Sucede quizá que la corrida de toros se hizo urbanita y dejó de ser rural. Sucede quizá que nos hemos creído los amos de la Tauromaquia, cuando sólo somos una parte. La otra por cierto, los festejos populares, ha crecido en un 17% desde 2007. Sucede que la corrida no tiene pegada en la calle, en la movida de la manifestación. Sucede que hemos mal entendido el término cultura por otro de postureo cultureta que nos ha metido en la quiebra. Económica y social.

Y sucede que este este postureo cultureta ha sido incapaz de explicar a los españoles que la nueva política es sectaria, inculta, agresiva, revanchista. Que nuestra cultura es mucho mas que un abono de una feria de corridas. Que nuestra cultura huele a campo, el de Miguel Hernández, que nuestra cultura tiene el sabor al trigo de la Castilla de Delibes y el paladar del vino gallego de Valle Inclán o el regusto de los grelos con tocino de Cela, que sabe al pescado del pescador de Alberti, que esta cultura es pueblo como Lorca, que esta cultura es ladrido de perro en caserío, es mugido de vaca de madrugada, es parto de oveja, carrera de liebre, el vuelo del halcón, el respeto al lobo, la leche ordeñada a mano en los caseríos. Sucede que sin todo ello el vestido de luces… no luce.

Sucede que si no mostramos esa cultura a los españoles, el vestido de luces corre el peligro que corre la luz de una vela a merced del viento.

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