C.R.V
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Madrid (España). José Ortega Y Gasset, filósofo, ensayista, y una de las mentes más inteligentes que dio el mundo europeo del “novecentismo”, afirmó, en la segunda década del siglo XX, lo siguiente: ‘La historia del toreo está ligada a la de  España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda’. Casi un  siglo después, con la aprobación en el Parlamento de la tauromaquia como Patrimonio Cultural de España, nos enfrentamos, justamente, a esa afirmación. La historia de España queda reflejada en la historia del toreo. Es más, este debate sobre toros, es, a escala,  el debate sobre España. Lo es como lo ha sido en sociedades anteriores. Lo es porque el debate abierto en nuestro país es si España es España, la de nuestra Constitución,  o es otra cosa.

Mientras se debatía en meses anteriores esta Ley en su propuesta, paralelamente, España debatía o se encabritaba o se reinventaba o se dudaba con el debate del  separatismo Catalán, en el que una parte de los partidos políticos abanderan la Constitución vigente, otros dicen abrazarla, pero se abstienen de defenderla, y otros la niegan y se la saltan. Y no a la torera, precisamente.

Es idéntico a lo que ha sucedido con la gestación y parto  de esta Ley,  que viene a darnos lo que somos, un patrimonio cultural del pueblo, entendido éste como el rio que va de tatarabuelos hasta los próximos hijos de las pròximas generaciones.  Unos partidos votaron favorables, entre otras cosas porque siguen aferrados a una España Constitucional. Otros se abstienen, el PSOE, porque sigue inmerso en esa ambigüedad de liebre escondida que no sabe si es constitucional o no. Y otros votan en contra porque su deseo nacionalista le impide coincidir con un derecho Constitucional de los españoles.

No se trata, entonces, sólo de toros. Se trata de decirle al pueblo, de una vez por todas, que es España, si estamos reinventando España, si la estamos modificando, o si, mientras el pueblo no diga lo contrario, la Constitución de todos es la que nos marca la pauta de lo que es España.
  ¿Porqué este paralelismo?  Porque la historia de esta  Ley, su resultado en votación, su debate anterior, es absolutamente paralelo e idéntico, con con las posiciones, debates, votaciones y discursos entre la Constitución y norma para todos y los que se la saltan a la torera: nacionalistas, sobre todo los catalanes, apoyados por Izquierda Unida en muchas ocasiones y con PSOEmirando a todas partes y a ninguna. Es lo mismo. Ortegalo vio claro porque así ha sido siempre en la Historia de nuestro país.

Es tan paralelo, que, a partir de esta Ley que obliga todas las administraciones a velar por este Bien Cultural que es el  toreo, comprobaremos si las comunidades o ciudades que han prohibido los toros en España, cumplen esa ley o no. Comprobaremos si existen burlas a esa ley o no. Comprobaremos si en España la autoridad de la ley y de la Constitución es real. Comprobaremos si hay coraje político para que la Ley mayor elimine lo dictado por la ley menor en Cataluña. 

Comprobarsi eso va a suceder o si  la Generalitat se mantendrá insumisa ante  lo constitucional, como ya se mantiene en  otros campos, acciones, actitudes y amenazas. Comprobaremos si, después  de robar a los catalanes su derecho constitucional a ver toros, al empresario su derecho constitucional a ejercer libremente su actividad ,  al torero su capacidad creativa y económica, al ganadero su mercado, se mantienen firmes en esa prohibición o acatan la norma, la ley y el mandato de ella y de la Constitución.

Lo dijimos y escribimos hace mucho tiempo y lo seguimos manteniendo:  prohíbir los toros en Cataluña era el  símbolo de un síntoma nacionalista, un deseo de abandonar España a través de golpes de estados consecutivos.  Este medio ha  mantenido que el animalismo ha sido la gran excusa , no el argumento.  La prohibición de los toros tampoco fue ni era un objetivo ético o moral en defensa  de un animal. Es mentira. Un engaño histórico e histriónico. El argumento  prohibicionista fue, es y será una pieza, una prueba, una provocación, una demostración de fuerza, un ejemplo de la  insumisión de un gobierno autonómico frente a la ley del Estado. El objetivo de la prohibición fue y será decirle al poder de la ley y del Estado Constitucional, que esa norma no es para ellos. 

Veamos, tras la aprobación de esta Ley, si España es lo que es: lo que  claramente dicen las leyes, o somos ya un país que se reinventa a base de extorsiones nacionalistas sin que exista el coraje político de poner pie en la pared ante tanto atropello.

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