icono-sumario Supongamos que escribo en una red social: ‘Fulanito: ojalá te mueras lentamente, por maricón’. Y otro: ‘Fulanita, ojalá te mueras tú y tu familia por lesbiana’. Seguro que soy detenido, acusado y condenado por homófobo y racista

icono-sumario Me pregunto entonces por qué si alguien escribe: ‘ojalá te mueras, tú y tu familia, por ser torero’. O a un niño: ‘muérete ya mil veces antes que llegues a ser torero y asesino’, jamás tendrá encima el peso de la ley como lo tendría yo

icono-sumario Los públicos de tauromaquia no somos considerados como colectivo. Por eso un twitt escrito con deseos de violencia contra un gay es delito, y uno contra Adrián no lo es. Porque Adrián no pertenece legalmente a un colectivo, y el gay sí

Fotomontaje realizado por Mundotoro | MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

ARTÍCULO DE C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Supongamos que escribo en una red social a un presentador de los programas caca / rosa: ‘Fulanito: ojalá te mueras lentamente, por maricón’. Y luego otro: ‘Fulanita, ojalá te mueras tú y toda tu familia por lesbiana’. O éste: ‘me cago en toda tu raza, ojalá a los negros los quemara el ku klux klan’. Supongamos que hago esto. Seguro que soy detenido, acusado y condenado por homófobo y por racista. Es más, si yo fuera juez, me condenaría a la máxima pena que pudiera. Desde que uso la razón, abomino de cualquier gesto de intolerancia, de violencia, y hasta del mal gusto de macho alfa que subyace en esa forma veladamente machista de decir que ‘hay que respetar’ al gay o al gitano o al negro o al musulmán. No hay que respetar por el respeto, hay que convivir como seres humanos diversos, sin necesidad de pedir ‘respeto’. Porque pedir respeto es señal de haber quitado antes la dignidad.

Me pregunto entonces por qué si alguien escribe: ‘ojalá te mueras, tú y tu familia, por ser torero’. O a un niño: ‘muérete ya mil veces antes que llegues a ser torero y asesino’. O a mí, o mis hijos: ‘púdrete y muérete tú y los tuyos, por aficionado y partidario de asesinos’, jamás tendrá encima el peso de la ley como lo tendría yo si escribo lo escrito en el párrafo anterior. Me pregunto y me respondo: porque mientras que a gitanos, gays, lesbianas, musulmanes, negros… los ampara la ley como colectivo reconocido, con unos derechos reconocidos, al colectivo taurino, no. La ley no permite que gays, musulmanes, gitanos… sean discriminados, atacados, vejados, perseguidos. La ley es cumbre. La ley ampara a los seres humanos porque los seres humanos hemos vivido, experimentado, evolucionado, y aprendido a que convivir entre nosotros significa no tener jamás que reivindicar respeto.

Pero resulta que los públicos de la tauromaquia no somos considerados como colectivo. Una vez más quiero que quede clara esta cuestión, porque es la única razón porque un twitt escrito con deseos de violencia contra un gay es considerado delito, y uno contra Adrián niño no lo es, o lo es en grado menor, sin la misma pena. Porque Adrián no pertenece legalmente a un colectivo, y el gay sí. Quede claro entonces que, dentro del colectivo de seres humanos de la tauromaquia, sólo el insultado o amenazado de muerte o discriminado o vejado, puede pedir amparo a la ley. O denuncia él, o nadie puede hacerlo por él. Un gay o un musulmán o un transexual agredidos, tienen el derecho de que incluso se actúe de oficio para defender sus derechos, o lo puede hacer su organización o colectivo. Yo no. Mis hijos tampoco.

Y resulta que yo pertenezco a un colectivo histórico, en tiempo y espacio, un colectivo que cumple los requisitos que marca la ley para ser reconocido como tal. Un colectivo, que, -aún no sé la razón-, no ha exigido ante la ley ser reconocido como colectivo. Hace meses, escribí lo siguiente:

Debemos explicar a la sociedad que los partidarios de la Tauromaquia somos un colectivo perseguido por razón de nuestras ideas. Por razón de nuestras convicciones. La ley deja bien claro que ningún colectivo o grupo puede ser maltratado, perseguido o discriminado por razón de su sexo, ideología, raza o etnia o por sus convicciones. Debemos preguntarnos si somos un colectivo y si somos un colectivo con convicciones. Si es así, la ley nos debe amparar y debemos iniciar una nueva batalla jurídica, novedosa y de mayor responsabilidad penal y mayor protección y contenido social.

¿Somos un colectivo? Lo somos a todos los efectos y parámetros de su definición ante la ley: somos un grupo de millones de personas que en el espacio y tiempo han mantenido las mismas ideas, sentimientos, expresiones y actividades, apego y afecto, lealtad y respeto a una actividad, la tauromaquia.

¿Tenemos convicciones? La convicción y términos derivados, se definen en España así:
1. Seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa o siente. Convencimiento.
2. Convicciones, ideas religiosas, éticas o políticas en las que cree una persona.
3. Convencimiento. Idea religiosa, ética o política a la que uno está fuertemente adherido. Un colectivo compacto, con una idea o filosofía de la vida.
Por tanto, podemos demostrar que somos un colectivo compacto en el tiempo y en el espacio. Con convicciones éticas y morales de la vida.

Se trata de una dura tarea, pero brillante, hermosa e histórica tarea. Que la sociedad sepa quiénes somos y por qué se nos persigue de forma intolerante. Que a usted, al otro, al torero, al niño, al periodista, al abogado, no se les amenaza, insulta, discrimina o violenta por razón de niño, abogado o periodista, sino por un contenido común a todos ellos: por ser público de toros, por formar parte de un colectivo de toros. Que quede claro, porque aún estamos en la edad preescolar en la que creemos que los abogados de la Fundación interponen demandas ante una violación de derechos. No es así. Ni la Fundación ni la entidad que sea, tiene potestad legal para ello, porque no somos considerados como un colectivo. La demanda la pone la persona física violentada y la Fundación le paga el abogado. Esa es la realidad.

Alguien mal pensado leerá mal y entre líneas de bazofia mental, que estoy escribiendo en contra de la Fundación. No. Le estoy pidiendo un paso más: un trabajo jurídico hermoso y costoso y humano y talentoso hacia la consideración ante la ley como colectivo. Que tengamos nuestro propio Día de Orgullo. ¿Porqué no? Que como colectivo, esta sociedad ha de saber que somos discriminados en trabajos, en las calles, en las políticas, en nuestras libertades constitucionales. Como ellos. Igual que ellos. Y esta sociedad, no nos quepa duda, abomina de la intolerancia. Y delante de la pancarta de ese colectivo habrán de estar los políticos, porque se pondrán delante de los más débiles socialmente, de los más lesionados y perseguidos.

Me resulta lastimoso ver a un joven abogado de Cremades, lleno de buena voluntad y actitud, voltereta va y viene en La Sexta al lado de una señora rubia que es idéntica a la secretaria de Mortadelo y Filemón, (curiosamente no sabe hablar, sólo sabe gritar), y al lado de unos discursadores con un tercio de neurona, ponerse de pie como novillero para volver a volar por los aires. Porque su argumentación jurídica era pueril, blanda…y lo era porque no puede apelar al gran argumento de representar los derechos de un colectivo social.

Y porque, al final de las argumentaciones, no queda más remedio que decir lo que no se ha de decir. ‘Yo respeto a los anti taurinos, faltaría más, pero si quieren acabar con la Fiesta, que cojan (sic) los cauces legales y promulguen una ley…, pero no de esta manera’. Pues mire, abogado: Yo hubiera dicho que yo respeto a quien me respeta y así tendría sentido ese ‘faltaría más’. No. Yo no respeto a quien no me respeta. Punto, que estamos en la tele. Y la tele quiere y requiere contundencia para el recuerdo. La audiencia no quiere besamanos, quiere a fajadores argumentales contra esa gente que, curiosamente, no saben hablar, y sólo han aprendido a gritar. Faltaría más se puede decir con esas palabras, pero haciendo que en el salón de casa, suene a un ‘no te jode’ muy rotundo.

Y respecto a los cauces legales para prohibirnos, pues hombre… es como si mi abogado defensor le dice al juez, oiga, si mi defendido ha de ser condenado, que lo sea legalmente. Pero ¿todas las modificaciones de las leyes de Bienestar Animal desde el siglo pasado en Cataluña,… no son, al fin y al cabo, prohibiciones de forma legal?. Que no, hombre, que no se menciona la palabra prohibir, que esa palabra es del enemigo… que se menciona la palabra colectivo, persecución, derechos, humanismo, discriminación…

A veces me acuerdo de Di Stéfano, cuando le preguntaron cómo debía de ser un portero:

– ‘Yo a un portero no le exijo que me ataje las que van a puerta… Me vale con que no meta dentro del arco las que van fuera’.