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Madrid (España).Ante el conflicto de Sevilla y la decisión conocida de las figuras del toreo, Mundotoro comenzará a recabar opiniones escritas y publicadas desde la propia Sevilla. Es un problema tan importante que merece especial atención y es preciso tomar el pulso de lo que se opina en la capital hispalense:

‘Senegal 2014’, artículo publicado por Álvaro Acevedo en Cuadernos de Tauromaquia

Se ve que Eduardo Canorea y su cuñado no cayeron en la cuenta de que, si un ciudadano se gastaba 3.000 euros en un abono, era para ver a Morante, El Juli, Manzanares, Perera y Talavante. A los cinco. Sin premio, Eduardo. Pero los cinco se han cansado. Se han cansado de humillaciones, de desaires, de desprecios, de mal estilo… Un  poné: el “no hay billetes” en la taquilla y el cuñado pretendiendo un regateo con amenazas de por medio un día sí y otro también. Esto, como anécdota más o menos seria, porque de las chuscas al modo, “me voy a ver las motos que es lo que me interesa” las hay a manojitos.

Querer seguir viviendo en la opulencia a costa de estos cinco requiere un mínimo de continencia verbal y cierta sensatez para no darle la última vuelta al tornillo, no sea que se pase de rosca. Pero el problema de no amar el mundo del que vives y de contemplar a toreros y ganaderos como un mal necesario, es que se puede hundir el chiringuito de un contrato hereditario con más años que un barco. Oye, y ya que no era necesario ni hacer un test psicotécnico para convertirse en explotador de la plaza más rentable del mundo, qué menos que cuidar a la afición y respetar a los toreros, porque sin los unos y sin los otros, adiós a los safaris: en Senegal, que era donde Eduardo Canorea mandó a José Tomás en su penúltima gracieta. Al hilo de ello, por cierto, convengamos que los cinco, cinco años después, le dan la razón al de Galapagar, una mente superior que vuelve cuando los demás inician el camino.

Pero nunca es tarde si el premio de los cinco grandes es bueno. De José Tomás “no tenían referencias” y de éstos tampoco las van a tener ahora. Aunque, por suerte para Eduardo y su cuñado, los periodistas y agregados pretendemos apagar el incendio esperando debajo de la cama a que pase el temporal o diciendo que el cuñado de Eduardo es Sor Citroen, película muy de la época de algunos compañeros, por cierto.

Quien siembra vientos recoge tempestades y hemos llegado a un punto de no retorno en el que ni la demagogia, tan útil en este país de iletrados, les va a servir para algo por mucho que tengan al especialista lanzando exabruptos que precisarían de un megáfono. Y en este sentido hemos de advertir que la asimilación personal de la representatividad institucional (o sea, vendernos que la lucha de los toreros no es contra la empresa Pagés, sino contra la afición de Sevilla) es una tara mental propia del Rey Sol o de Manuel Ruiz de Lopera: el Estado soy yo, o yo soy el Betis.

Los maestrantes tienen ahora la palabra, pero perpetuar este inmovilismo sería una total y absoluta irresponsabilidad por su parte: y no me refiero a la cantidad de dinero que dejarían de ingresar para sus obras benéficas, que también; sino al desprestigio irreparable que supondría para la Maestranza no contar con los toreros más importantes del momento. Es decir, pasar de ser la segunda plaza del mundo (o la primera) a la última de Andalucía. La otra opción es coger a las figuras y organizar la Feria del Senegal 2014. Si así fuere, me encantaría cubrirla. Con perdón.

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