C.R.V.

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Ese que no habla es el más indefenso. No twittea, no demanda, no exige. Por años, quien dijo defenderlo sólo buscó la aguja del pajar en su pitón, una mínima parte del todo que es el toro, su manejo, su cuidado, su selección, su elección, su integridad entendida como tal: todo el toro, que es también su dignidad. La de su encaste u origen, la de su historial genético y zootécnico. La dignidad y el derecho a ser tratado en función de su origen y no en función de modas de volumen y kilos.

Primero su origen. Desestimo cualquier alegato melancólico sobre el toro, sobre el lamento del llanto del final de su encaste. Porque quienes iniciaron y sostienen aún el argumento del peso y volumen que globalizó la presencia del toro y obligó a pasar el requisito universal de la báscula, son los que ahora lamentan que algunas estirpes de alma brava y grande en tipo y cuerpo chico, desaparezcan. La bravura se manipuló manipulando el tamaño de quien genéticamente tiene, desde origen, el cuerpo que sólo hiere la sensibilidad de una báscula. Sensibilidad del carnicero.

Escribo esto desde Zaragoza donde una corrida de Santa Coloma, hierro de Ana Romero, ha sido víctima de la sensibilidad extraordinaria de la báscula. La de los kilos. La sensibilidad insensible, fatua, cruel, la sensibilidad de los hombres del toro. Que son los que piensan, pueden y pesan. Tanto le han robado de dignidad al toro que el maltrato se le ha hecho norma humillatoria. La voracidad inaudita del hombre, su reglamento y su báscula traspasan límites insospechados. Embarcar una corrida desde la placidez del campo en un camión, llevarla hasta Zaragoza, desembarcarla y rechazarla, regresarla al camión a la carretera y al campo es ejercicio anti toro. Mejor negarle su peso en el campo. Mejor no anunciarla. Mejor y más coherente, con menos costes y menos humillante el ejercicio de negarle su lidia en el campo. Pero pedir esa lógica a la sensibilidad de la báscula es tanto como pedir a las gentes del toro que nos regresen la sensibilidad que dignifique de nuevo a cada toro según su origen.

FOTOGRAFÍA: Crotalado de un becerro de Victorino / VICTORINOMARTIN.COM


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