¿Cómo se prepara uno para debutar en San Fermín? Debe ser jodido aclimatar el cuerpo, adiestrar la mente para pegar pases en medio de un macroconcierto en el que, sin instrumento alguno, tú eres el solista principal. Pero ¿y los toros? Hace varias décadas debía ser más fácil para los ganaderos... ahora además de volumen y corpulencia a los astados les exigen ser atletas. Por la mañana y por la tarde. Pues con estas premisas Luis David y La Palmosilla se presentaron con nota en Pamplona. El mexicano porque anduvo listo y despierto con su lote -un pinchazo le privó de salir en hombros- y la divisa gaditana porque presentó en Iruña un lote serio, mayormente de buenas hechuras y, dentro de la movilidad que tuvo la corrida, dos toros de nota, cada uno por un palo: primero y cuarto. Matador y ganadero ameritaron verse anunciados en la Feria del Toro de 2020.

Las dos faenas de Garrido a los dos mejores toros estuvieron a un tris de romper pero luego no tuvieron adecuada rúbrica con los aceros mientras el navarro Javier Marín, que también se presentaba ante sus paisanos, pasó un quinario frente a un lote exigente que dejó al descubierto sus carencias. La bienintencionada irresponsabilidad de hacer debutar a un torero de la tierra de tan escaso oficio y estrechos recursos en una feria de esta entidad y ante ganado de tanta envergadura le pudo costar caro a la MECA.

Después de triunfar con fuerza de novillero hace tres temporadas en este mismo ruedo, el debut de Luis David en Pamplona como matador vino vía sustitución. Su primero fue un ejemplar alto de cruz, tocadito arriba de pitones, largo de viga, al que saludó variado y versátil, e incluso, optó por banderillearlo. Luego, muleta en mano le planteó una faena a favor del animal, que se movió sin excesiva entrega y al que el torero nunca molestó ni obligó. Dejándole a su aire, invitándole a tomar el engaño dejándole la muleta en la cara, el mexicano dio consistencia a una obra que tuvo estructura y careció de tiempos muertos, e incluso, fue rematada en la suerte de recibir. La oreja no admitió dudas.

Volvió a mostrarse listo y resuelto en el quinto, más basto y también más deslucido, sobre todo por el lado zurdo, por donde nunca terminó de pasar. Por eso Luis David armó faena por el otro pitón, perdiendo pasos y aprovechando la inercia del animal para pegarle muletazos. Si el estoconazo con que rubricó su actuación es el primer intento en lugar de a la segunda tentativa, abre la Puerta Grande.

Los dos toros de la corrida entraron en la bola de Garrido. Enrazado, temperamental y hasta agresivo el primero, serio, amplio de cuna, queriendo enseñar las palas, que se movió en los primeros tercios, se empleó en el peto y acometió con prontitud y fijeza a la muleta del extremeño. El ímpetu del animal y su excesiva codicia impidieron en ocasiones darle sitio al matador, pues el de La Palmosilla no terminaba de despegarse de los vuelos, cogía el trapo para el siguiente muletazo sin haber terminado el anterior y también sin dar respiro al torero, que enseñó su disposición pero no logró imponerse a su acometividad.

El cuarto en cambio, largo, bajo, serio pero bien hecho, con desarrollo de pitón, amplio de sienes pero acodado, queriendo enseñar las palas, humilló y tuvo son de salida, embistiendo como picado y queriendo colocar la cara y ese ritmo lo mantuvo luego en la faena de muleta, especialmente por el pitón izquierdo. La faena de Garrido contó con muletazos de buena factura pero a las series les faltó redondez, rotundidad, quizá por eso el torero se echó de rodillas en una serie de molinetes en cadena en el último tramo de una labor que si bien no llegó a cristalizar sí le valió para recoger el cariño de Pamplona en una cálida ovación.

El tercero, dentro de su seriedad, era una pintura, pero se reventó un pitón al derrotar con saña de salida contra un burladero. Javier Marín, que ya lo esperaba de rodillas entre las rayas, le recetó un ramillete de faroles que fue a la postre lo más conseguido de su actuación, pues luego el sobrero, grande, basto y suelto de carnes, se movió de modo pacífico cuando el torero le dio sitio y muleteó con limpieza y agrió su carácter en el momento que tropezó las telas.

Le vino pronto el debut como matador en San Fermín al torero local, que luego pasó un trago con el feo sexto, fino de hechuras pero amplio y con mucha alzada, muy exigente, que pareció peor en manos de un neófito. Marín le expuso con tanta sinceridad como escasos recursos. Cada cite fue una moneda al aire y la cornada, que se mascó en cada embroque, pudo llegar por el pitón zurdo, cuando le quitó la muleta de la cara en un cambio de mano y se quedó al descubierto. Está muy bien que San Fermín tenga un toque regionalista pero cuidado, que esta no es feria para experimentos.


Si te ha gustado puede que te interese:

Galería de la 9ª de San Fermín por Sergio Recuero
Las Declaraciones de los toreros de esta tarde
Lo más destacado de la 9ª de San Fermín online