Torero de tez curtida, como su toreo, recio y maduro. Un concepto y una filosofía vigente pese a las más de dos décadas de alternativa que jalonan una trayectoria con más medallas que reconocimientos. Así, de memoria, dos Puertas Grandes en Las Ventas, una presentación de nota en La Maestranza con una corrida de Manolo González y una impactante confirmación en Insurgentes. Luego, las lesiones, el cerco de actuaciones en su radio de influencia, hasta hacer de su presencia en el escalafón algo casi testimonial. Mientras tanto, Eugenio de Mora siguió a lo suyo, que es seguir cortando orejas cada vez que le ponen. Cinco en Madrid en los últimos cinco años. La de hoy sirvió para mitigar en parte el sopor derivado de una corrida grande y basta de El Ventorrillo que mostró de varios modos su descastamiento. Espada se arrimó como un hambriento, igual que Ritter, al que la mala fortuna metió llevó al hule con una herida muy seria en su gemelo cuando quitaba por chicuelinas al toro de un compañero.

Tuvo que ser un torero de una generación que se va borrando el que diera sensatez a una tarde absurda en tantas cosas. Qué hemos hecho para que un corridón descomunal, peligroso y difícil, con un hombre herido, no sólo no emocione sino que el público sestee sin taparse. Esta de hoy la ponemos en la añorada era de Camino y se forma un escándalo.

Ya había dado muestras Eugenio de Mora de su estado en el que partió plaza, el más cabrón del encierro, porque nunca humilló ni por equivocación, se tragó el primer muletazo, pero al segundo se vino al pecho. Además, el viento, una tarde más, incordió lo suyo. El torero, de uno en uno, como si iniciara serie en cada muletazo, dio la cara con la muleta a la altura que el toro embestía, al tiempo que sorteaba tarascadas y derrotes del animal. No fue mejor el cuarto, que había metido para dentro a Ritter en el tercio de varas. En una faena de grandes registros técnicos, De Mora lo citó a su altura, llegó a hacer que el toro pasara, siempre con la muleta por delante y perdiéndole pasos mientras que por el lado zurdo aprovechó el viaje con la muleta retrasada, intentando que el animal tirara para delante. Una quimera.

Por el percance de Ritter el toledano aún despachó al reseñado de quinto, que se lidió en último lugar. Toro largo, con alzada, un punto cuesta arriba, que salió abanto y se dejó pegar en el peto. En la muleta se desplazó más y mejor, y Eugenio lo bordó dejándole la muleta en la cara mientras le perdía pasos. Así consiguió dos series ligadas y muy templadas sobre la derecha. Con la zurda también hilvanó muletazos muy estimables después de dar tiempo al toro entre serie y serie. La faena fue increscento hasta la serie última, de nuevo con la derecha, apretando más al toro, vaciando los muletazos por debajo de la pala y logrando a la postre la serie más intensa de la faena. Cayó la espada trasera, sonaron dos avisos porque el toro tardó en doblar. Pero cayó el toro y también la oreja, que el público demandó con rotundidad.

La cara amarga de la tarde la vivió Ritter, en el filo de la navaja desde un expuesto quite con el capote a la espalda al primero, que le puso en cada embroque los pitones en el pecho. Luego su primero, el único que pudo lidiar, enseñó pronto su medida raza y al poco de comenzar la faena, comenzó a defenderse. Por el pitón zurdo se desplazó con más franqueza y por ahí llegaron los momentos más rutilantes del torero antioqueño. Con esa misma determinación salió a hacer un quite al cuarto, y al rematar una chicuelina el animal trastabilló al torero, le hizo perder pie, y en el suelo le corneó de modo seco y certero en el gemelo derecho. Fue trasladado a la enfermería con profunda hemorragia.

Remató el cartel Espada, torero nuevo, con poco rodaje pero con el aval de dos orejas en esta misma plaza, la última hace poco menos de un mes. En tarde ingrata no volvió la cara el fuenlabreño ni con el tercero, con movilidad en los primeros compases, pero correoso y pegajoso, porque nunca se escupió de los vuelos y pronto se consumió, ni con el sexto, que por el percance de Ritter salió en quinta posición. Fue éste un ejemplar grande, cornidelantero, hondo y fuerte que amagó con irse a tablas en el preludio de la faena, y Espada, en paralelo, trató de templar unas embestidas muy descompuestas que parecieron hasta potables por la decisión del torero, que se quedó muy quieto, y aguantó muy firme unas embestidas muy inciertas, que incluso le rozaron la taleguilla en ocasiones. Si entierra el acero en la primera tentativa después de unas apretadísimas mondeñinas (tanto que una de las banderillas se clavó en su chaquetilla), quien sabe qué hubiera pasado...



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