Llegó su Majestad El Rey y formó un lío. Claro, El Rey viene una vez al año a los toros, gracias le da su pueblo, gracias Majestad, un honor. El Pueblo de Madrid y de todas partes, buena gente. Y sabía. Lleva tres años acunando a un torero de la casa, por madrileño, y con ganas de que salga en volandas: El Juli. Tres años lamiendo sus machos la Puerta Grande. Dando asiento y seda a un toro de mano dañada y sosteniendo con torería máxima a un toro tan grande como limitado de poder, de calidad superior. Será el año que viene. Y el mismo año será para Urdiales, que pinchó feo a un toro de raza y de triunfo. Y Ventura, el año que viene, cumbre con un toro para llegarle tanto que era casi de pista de coches de choque. En esta atípica corrida, caballero y a pie, España se reflejó y quedó retratada: público dispar, abigarrado, recio, canalla en alguna esquina, maledicente en algún rincón. Pero generoso y sensible. Ahí lo tiene El Juli para el año que viene. Y Don Felipe: una vez al año no hace daño. Dos, tampoco.

Le embistieron los cuatro a Cuvillo. Los cuatro de diferentes reatas, supongo, pues hubo uno fino y bajo, de perfil bueno, otro bajo y fino pero acucharado y amplio de cuna, segundo y sexto. Otro grande y un jabonero amplio de cuerpo y hasta basto aunque con mucho cuello: tercero y quinto. Los cuatro embistieron. Con sus matices. El primero de El Juli salió dañado de una mano del primer encuentro. Sumado a que no andaba muy sobrado de fuerza, el toro permitió a la contra meterse en la corrida para increpar a un torero que sostuvo al toro con paciencia infinita hasta llegar a torearlo ligado y por abajo. Y largo. Una faena de esas en las que hay taparse los oídos y desatender tanta inquina. A favor del toro sólo uno: El Juli.

Los lances de recibo al jabonero quinto fueron con las palmas de las manos a la altura de las rodillas. Toro grande, conocedor de los corrales de Pamplona, en donde anduvo de sobrero el año pasado. Grande y con peso, pero bueno y bravo. Sin duda alguna su peso influyó en su poder a menos. El quite indicó que el toro pedía sitio, el que quizá no le dio Urdiales al darle réplica. Del inicio de faena con la pierna genuflexa y tirando del toro para adelante, salió el animal como afligido, pero, en los medios, el torero aplicó una técnica que apenas se vio porque hoy vimos a El Juli del toreo natural, sin toques casi, consintiendo al toro con la muleta retrasada cuando perdió poder y el viaje era más corto y no admitía engaño por delante. Los naturales llegaron a hacer pleno: se hizo dueño de la grada. Un cierre soberbio caminando con el toro hacia los adentros dio paso a lo que no se le da tan bien: pinchó tres veces y perdió una oreja muy cara. Y la gente no abandonó el cariño, saludando una ovación de órdago. El año que viene será.

A lo mejor hasta viene el Rey a verle. Con o sin el Ministro Ábalos, ministro de un Gobierno camino de ser lo que jamás fue nadie nunca en el país de Jamás: un Gobierno de “cooperación” (sic) para una Monarquía Republicana. Toros y política. O a lo mejor viene a ver a Urdiales, al que se le fue la mano para hacer guardia la espada tras una faena creciente en interés al tercero. Un toro, como los demás, bravo en varas y empleándose de atrás, no con las manos. Hacía hilo fuerte hacia adentro en banderillas, y metió el pitón por la tronera del burladero y le pegó una grave, fuerte y dura cornada a Victor Hugo. Pero en los medios fue mejor y hasta buen toro.

En los adentros Urdiales comenzó con dos tandas de tanteo con la mano derecha, con el toro respondiendo, pero mejor fueron las que le ligo en el tercio, dos de ellas de más ajuste, con la faena creciendo en calor y eco. Con la izquierda el trazo fue más largo y más en línea. Toro enrazado y de poder, tuvo menos gobierno del necesitado. Tuvo su labor una gran torería, pausas de buena escena entre tanda y tanda y un intento de toreo puro de frente. La faena terminó el toro a menos, gastado y una fea estocada que le privó de una oreja. Ojalá no hubieran devuelto al sexto, un toro de un tranco notable señalado desde que salió al ruedo. Muy fuerte el primer puyazo con el toro empleándose, cuestión que hizo suma: buen tranco mas entrega, toro que tiene las de perder. Perdió manos y tarjeta roja. El sobrero de Joselito obedeció a cites, no tuvo el recorrido deseado por el pitón derecho y por el izquierdo perdía tiempo entre pase y pase. Faena larga, de retazos toreros, en medio de una bronca porque a alguien se le ocurrió dar un “viva” a la República. Ya ves, Ministro, eso de la Monarquíaa Republicana es un fake.

Soso y mansito, de escaso celo y amagando rajarse fue el primero de rejones, estrecho y escaso. La faena de Ventura, que lo recibió en la puerta de chiqueros con la garrocha, fue una lección de sostener, de dar celo y hacerlo todo con torería a caballo. No tuvo eco más allá del sol. Pero la faena al cuarto, toro de cara por arriba, reservón y al que había que llegarle, fue de maestro.  Con Nazarí toreo superior a dos pistas a pesar de que el toro se ponía por delante. Con Bronce le habló al toro de tú a tú, cabeza contra cabeza de forma inverosímil y con Dólar un par soberbio de poder a poder sin cabezada. A ver si El Rey le viene a ver otra vez. A ver si viene a ver El Juli para salir por la Puerta Grande.

Vino El Rey don Felipe V, y somos igual de españoles que los demás días que no viene,  que son todos los demás, pero  fuimos más felices. Gracias.  Hasta nos sentimos queridos como público de eso de los toros. Echamos de menos a Don Juan Carlos. Estuvo su nieta, Victoria Federica, pedazo de aficionada. Victoria es sangre real del pueblo, cotidiana, próxima y cercana. Somos buena gente, Ávalos. Y eso de caspa, pues menos. Mujeres guapas, que usted desparramaba la vista sin queriendo, pillín, a puñados. Y gente joven a más puñados. Y vienen este año, vinieron el pasado y el que vendrá. Pero no una vez. Más. Aunque una vez al año no haga daño.


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