Una vez el periodismo fue de madrugada. Como el cante. El temple entre hombres y mujeres también era de noche. Y el chanelar de toros. Hoy de noche ni el miau de los gatos, que no hay en la calle. De toros no se habla porque uno no encuentra con quién hablar cabalmente. Se "habla" en las redes sin mirarse a los ojos y trucando el idioma. Uno puede declarar amor con los dedos en un teléfono sentado en la taza del wáter. Ergo caducó el proverbio popular: putas, (periodistas, añado) y toreros, a le vejez os espero. Llegaban a ella gastados de pasión. Pero hay toreros que aun son para la noche. Pablo Aguado solo puede ser contado de noche, cabalmente. Ahí anda en el hospital después de una cornada tras una faena exquisita, natural, de una armonía olvidada en andares, cites, embroques y trazos. Sin papel la taquilla por él. Corrida de la Prensa cuando escasea el papel. Debut ganadero con claroscuros de hechuras de Santiago Domecq, de los que recordaremos segundo y sexto, dos toros para hablarlos de noche.

Uno de los mejores periodistas de la historia dijo que nunca nada está contado del todo. García Márquez. La corrida de hoy nunca estará contada del todo y deja para la noche lo que hubiera podido torear con el sexto, toro grande pero guapo de tipo, gastado en esa tauromaquia de día, para el día, para lo evidente y visible y para ellas y ellos que consiste en ir en contra del toro para ser felices de día aunque, cayendo la noche, a la hora de la muleta, no haya ya un gramo de fondo que ahí quedó en una lidia virtual y visual. El recibo capotero, un quite por caleseras, otro por delantales, cuatro de banderillas en un tercio muy bueno, si, y tres veces al caballo el toro, tercer puyazo excelso de Bernal. De día. Está bien. A la noche, con la muleta, fue un llanto. Cansino, noble, gastado, usado, el toro que en manos de Aguado había sido de noche, fue toro de día. 

En este fin de feria hubo un rato para la noche. Fue en el tercer toro, alto, cuesta arriba y de cuello inexistente, al que el torero trató con la naturalidad con la que se trata al que descuelga, al corto de manos que se rebosa en los vuelos de la muleta. Una media y un banco por el pitón izquierdo fueron para la noche, un inicio de faena de caminar en torero moviendo el engaño como prolongación natural de muñecas y yemas de los dedos. Tuvo que citar al toro con la muleta alta, altura requerida por el toro, y, sin embargo, surgieron embroques que trataron de torear despacio, de reducir las embestidas. Los finales de las faenas despeinado al toro con la suavidad de una trinchera o uno de la firma. Y una tanda final a pies juntos de trazo lento y compás de caracol.

Teniendo eco la faena, como fue toreo para la noche, para escribir en papel y a mano, pareció que aquello que hizo con un toro vulgar y feo, era cosa de poco. Entró a matar derecho, salió con cornada de un embroque con el toro sin bajar la caravana hacia la muleta. Y aguantó como hombre sin gesto alguno a que doblara el toro después de saberse herido y volver a matarlo por arriba. Si se pudiera pedir algo a los dioses de la noche, sería no manosear a este torero que nos dio la noche. Yo me entiendo y el que quiere entender lo entiende. Pablo Aguado es un torero nacido en tiempos que pueden devorarlo. Dicen que la noche confunde y envicia, pero yo creo que mece y acuna el talento.  Los tiempos de día de hoy devoran toreros, da igual su condición. Y que conste que los de día tiene su mérito. Pero el toreo no es meritorio. Ni el buen periodismo. 

La corrida tuvo un toro cabal en tamaño, muy bajo, de manos cortas y que, yendo bien al caballo, incluso empleando su fuerza en el peto, tras sacarlo, se piraba por ahí a dar un garbeo. Siempre suelto, López Simón se empeñó en el toreo de día que consiste en que uno se queda muy quieto aunque el toro se vaya siempre. Recogerlo, darle celo, con mando o con susurro, depende de cada condición, parecía lo cabal. Pero se sujetó el toro y hubo tres tandas emocionantes donde el toro jamás le dejó relajar cuerpo y abandonar el trazo de mando. Cuando lo hizo, llegó algún tropiezo y un desarme y cuando se echó la muleta a la zocata, el toro había bajado el pistón antes de pinchar feo, ojal abierto incluido. 

El quinto fue la antítesis: cuesta arriba, alto, grande, basto y, como toda la corrida, muy astifino. Un milagro que tuviera la intención de embestir o al menos de pasar, siempre recto y sin humillar. Un toro que pasa no es toro para torear sino para pegar pases. Pasar igual a pegar pases. Torear sólo rima con embestir. Pero este asunto para la noche. Para el día el primero por su tamaño, alzada y manos altas que, teniendo la buena intención y son de tranquear, estaba condicionado por la losa de su tipo. Buen tercio de banderillas de Fandi, y un inicio de faena inverosimilitudes citando desde el centro del ruedo y templando en la suerte de la noria con la mano derecha sin dejar irse al toro. Luego la cosa se fue diluyendo con buen oficio, buena nobleza del toro a su altura y a menos.

El sardo cuarto, bien comido y basto de cabos y cuerpo, pasó siempre sobre las manos y empleándolas con el tercio delantero. El más deslucido y complicado. Y el seto, grande en tamaño, fue buen toro. Cómo han hecho los ganaderos para que esos volúmenes embistan con bravura es un milagro. Hemos hecho de una aberración, el sacar de tipo a todos los encastes, un milagro: embisten. Un toro de noche lidiado de día, para la tauromaquia evidente de pasiones evidentes: saludo capotero, un quite limpio y ágil por El Calesero, otro por delantales, cuatro pares de banderillas, uno por adentro y otro al violín de enorme eco. Todo a favor de la Tauromaquia de Día: gastar para alimentar la pasión rauda del instante. Debió tener más fondo el toro, sí. Pero si no se sabe si lo tiene, para qué gastar lo que no hay. 

Corrida de la Prensa, en tiempos sin papel. No es una melancolía sino una descripción de una profesión vocacional. El mejor oficio del Mundo que dijo Gabo. Como el de torero. Hoy se habla de toros en los twitts, se hace periodismo de trinchera y los medios son de los bancos. Terminada la feria, quedan, en grata esencia, momentos memorables para el toreo y el ganadero, que volvieron a trasladar  a la noche de cabal charla para el toreo. Para el periodismo la feria ha sido buena. Queda el buen periodismo de Zabala de la Serna en El Mundo, con lectura cabal de las tardes. La novedad del trabajo de imagen fantástico de NTR toros, mexicanos de los que siempre dije que eran muy buenos. Lo que hicimos aquí, aquí queda. Y lo que haga Aguado dependerá siempre de una cuestión de sensibilidad: si aun queremos que haya un toreo para hablarlo de noche. 



Si te ha gustado puede que te interese:

Galería de la última de San Isidro por Julián López
Las Declaraciones de los protagonistas de esta tarde
Los detalles de la Corrida de la Prensa, en el objetivo de Julián López
Lo más destacado de la 34ª de San Isidro online