Mirando hacia el horizonte se nos escapa el futuro. Lo tenemos en los lazos de las zapatillas, aquí, ahora, pero lo exiliamos. Con la temporada cerrada cuando los polvorones de Navidad, nada se hace creíble al talento nuevo y presente. El toreo no vive de su presente sino de nombres, en una forma de hacer conservadora y reiterada. Por eso decimos esta mentira: no hay futuro. Pisamos el oro para que no se vea, porque el oro del moro renta más a quien ha de rentar. Esa capacidad para torear tan de verdad y exposición como la Ginés Marín al primero, es presente de futuro. Ese talento natural que está generando ríos de esperanza y fe en los públicos de Pablo Aguado, debería anunciarse con fe absoluta en todos los lugares. No debería haber días sin Aguado. Sólido, puro, torero Marín. Aguado, en el límite de la cornada, paradigma para los ojos. Con un corridón bueno de Montalvo que el viento, una tarde más, dejó en nota menor. Sin olvidar dos tandas con la izquierda del más templado Luis David.

Mientras se debate Madrid en cómo se hace para que Las Ventas salve la vida y la bolsa, cómo han de ser unas obras para legalizar lo que no es legal,  que para nada han contado con la gente del toro para terminar con el viento ( a todos se la pela el viento indeseable, les da igual la seguridad para el arte) surge el presente. Sin viento nos gustaría haber visto a Aguado con el medido sexto, en las afueras. Le forma un lío descomunal.  Sin viento a  ese Ginés con el primero, toro de afueras y poder. O con el afligido quinto. Incluso el toro de la corrida, segundo, como habría sido en el tercio del nueve y no del cuatro.

Tuvo salida cansina, dormido, celo en letargo el primero, que no despertó ni en varas ni en banderillas. Comenzó a soltarse en terrenos recurrentes, sobre el cuatro y el cinco, los menos aptos para el toreo, menos en Madrid, en donde Ginés de plantó firme en colocación, muleta por delante al viento y al toro, para hacer que rompiera con todo el celo y fuera guardados. Además, el toro marcaba siempre distancias porque se venía andando. Tuvo verdad la faena, cuerpo anclado, ceñimiento y ligazón a pesar de la ventolera, subiendo enteros con la mano izquierda en una obra de las que entran por las entrañas y por los ojos. Este toreo es y punto. La estocada fue perfecta antes de unas bernadinas de pánico.  En ese toro Madrid rompió con olés de presente.

Del primero al sexto, con Pablo Aguado. Una faena de esas cuya realidad es inferior a su magia. Hubo tanto toreo como ilusión por el toreo. Que grande es eso y que difícil es provocar eso. Se llama esperanza, que no es otra cosa que esperar la posibilidad de que llegue. Tuvo el toro el salir suelto, una aceptable pelea en varas, pero no había podido torear de capa Aguado por venirse cruzado el toro. Fue de medidas fuerzas, calidad medida a su altura, ideal para sacarlo a los medios, cosa que no pudo hacer. Pero cerca de la tapia le cosió un artesano inicio con apostura torera, pierna genuflexa, compás en cintura y pecho y muñecas sueltas, con la plaza rompiéndose las gargantas. Lo despacio da ese tono.

Tres pases en cada tanda de figura erguida pero sin ostentaciones, con el segundo muletazo meciendo al toro en un trazo lento y lacio. Tiene la medida justa el toreo para colocar cuerpo, brazo y muñeca. Dio igual algún enganchón, porque el olé nacía casi antes del embroque. Un olé cantado a lo que había y a lo que  se adivinaba, a la intención: lo mas difícil de lograr que tiene el toreo. Secuestrada la plaza, mató haciendo guardia terminando una tarde donde las cosas, excepto el publico,  se le habían alineado en su contra. El primero de su lote le empaló desde su cornamenta y arrastró cuerpo y pierna de forma brutal. 

Fue un sobrero de Algarra de buena condición y poca fuerza con el que trató siempre de acompasar desde un emboque que terminaba en un dejarse ir, pero el toro no le dejó dormirse en ningún pase: o echaba la cara arriba y le hacia perder pasos. Cuando dejaba la muleta con la intención de dormir la embestida, sucedía que el toro se paraba y derrotaba y así se lo llevó por delante en una brutal cogida. Uno no sabe muy bien cómo hacen estos toreros, este y otros, para hacer eso a estos toros que son los padres y abuelos de los toros de esos años atrás que torraban las figuras que añoramos. Tardes como hoy destierran la añoranza.

Cómo encajan las dos tandas con la izquierda ligadas y de ritmo templado de Luis David al gran toro segundo. Pues encajan porque sucedieron. Lo toreó como nunca ha toreado con el capote, le hizo un quite con un lance cumbre Aguado, le replicó el mexicano por zapopinas con el compás abierto. El toro era tan de calidad que se abría de más al final de cada pase y por ese hueco encontró protagonismo la ira de la estulticia de los que piden torear como no de puede torear. Para huir de esa ira, Luis David lo cosió en los vuelos en dos tandas muy buenas al natural que aun cabrearon más a los locuaces. Una de esas faenas embarulladas en la grada, con el torero a la escucha, rematada de buena estocada recibiendo y con petición de oreja mayoritaria que el señor del palco no la dio para poder salir de la plaza sin las voces de la ira en la espalda.

Pudo haber algo más. Porque el camión de toro que fue el quinto, se dejó bastante, pero al mexicano, muy molestado por el viento,  le habían hecho la cruz y el tardó en tener fe, que la tuvo en una tanda con la derecha final.  Pudo ser el cuarto, un toro mas brusco y como dañado en las manos con el que Ginés tuvo que cambiar hasta cuatro veces de terreno,  jugándose los muslos, por un viento que no cuenta para nadie. Lo diré hasta la saciedad. Esta es una plaza de toros y para el toreo y haber obras en ella sin estudiar terminar con el vendaval, es un ninguneo al toreo. Un desprecio al arte. Y no me vengan los de la Comunidad con que el inmueble es Protegido. Ya. Y lo que se hace dentro es, ni mas ni menos, que Tauromaquia: Patrimonio cultural de los españoles. Antes del rock, piensen en quitar el viento, coño. Pero que van a pensar si hasta no vemos el oro que pisan nuestras zapatillas y mentimos al decir que el futuro está allí, cuando ya está aquí. Y ahora.