La corrida fue un laberinto. Hallado el camino, resulta que llevaba siempre al punto de partida: una dureza sin pócima. Como cuando se halla el antídoto, pero el virus ya ha mutado. En cajas amplias y serias, la de El Pilar hizo lo contrario de lo que anunciaba. El tercero, el de mejor tipo, regaló tres buenas tandas después de cuatro idas y huidas del peto. Y el cuarto tuvo paz a su altura y en una distancia. El resto fue hueso duro de roer. Superiormente difíciles en banderillas y tapando la salida con la cara por arriba en la suerte de matar. En esa suerte Gonzalo Caballero fue cogido y herido en una fea cornada. Juan del Álamo, que sudó por todo el año, fue cazado por el primero de fea forma y hasta Garrido voló por los aires al ser arrollado por el segundo.

La corrida volvió grupas a su fama de enclasada. Ya se sabe que esto es complicado en el capote y en banderillas, tercios donde lo de El Pilar anda en pleno desorden, pero la de hoy sacó laberíntica dureza. Casos como el del quinto, bajo, muy lleno y muy abierto, cambió su pacífico estar de salida para ser el más complicado de la feria. Y el sexto tuvo temple en los mejores y únicos lances de la tarde, bien toreado por Del Álamo y con un quite sabroso de Garrido, pero sacó aspereza al moverse sobre las manos. La terna, ni salió ilesa ni triunfante. Herido Caballero, magullado Del Alamo tras lidiar tres toros y Garrido tragando quina, sobre todo en el peor, el quinto.
Tuvo el tercero nobleza y hasta calidad al llegar a la muleta sin picar. Cuatro veces fue al peto para pirarse, puso bandera de peligro al arrear cortando en banderillas, pero a la que Caballero le inició faena, la fiera se amansó. Un buen inicio por estatuarios, y dos tandas de trazo limpio en las afueras con la mano derecha fueron una esperanza. A partir de la tercera serie, cuando el torero se la puso con la zocata y le incordió el viento, el toro comenzó a perder el celo saliendo con la cara por arriba, algo que hicieron muchos. Perdió ligazón la faena, subió enteros con las bernadinas y llegó la cornada: un embroque brutal  entre toro y torero, cuando el animal echó la cara arriba.

Del Álamo fue a lidiar dos y se encontró con tres. Por dentro, apretando y sin celo cubrió el primero los primeros tercios, siempre con la cara alta. Comenzó la faena flexionando pierna y pudiendo con el brazo con el toro mostrando lo complicado que era ligarle: se desentendía al final del pase y probaba con intención de ganar la acción. Lo resolvió el torero en tres tandas en las que enseñó mucho trapo, nunca lo quitó de la cara para llévalo tapado en frenesí. Los toros que pueden coger deprisa no han de torearse despacio. Cuando se la puso por el izquierdo le cantó tres veces quedarse cortó y derrotar y así lo cazó de forma horrible. Uno normal se va a su casa, pero Del Álamo se repuso, lo mató para tener que esprintar ante un arreón tremendo del toro.
El cuarto se dejó así: la cara a su altura, la distancia siempre como en el primer pase. Por eso el de Salamanca le cogió bien el aire, perdiendo pasos pero dejando la muleta por delante. Nada del otro mundo el toro porque esa movilidad noblona careció de emoción.  Por si fuera poco, se fue al suelo al tropezarse con una pata del toro, y, más cerrado, el toro bajó diapasón. También le tapó la salida al entra a matar. El sexo, un toro muy grande y de gran cuna, suelto de carnes, salió con insospechado temple para poder lancearlo a gusto, hacer Garrido un quite torero y otro el salmantino. Pero en banderillas el toro pareció una mala persona y en la muleta desarrolló a más una aspereza que no tenía, sobre las manos y hasta a veces con el pitón de afuera.

No fue ese el toro mas laberíntico. El que más pesó y mas genio sacó fue el quinto. Y eso que fue ordenado en los primeros tercios. Pero en la muleta parecía que Garrido le debía dinero. No salió nunca de los vuelos, haciendo hilo por debajo en el inicio de faena y eso hizo cada vez que el torero se plantaba firme. El esfuerzo del toreo fue inmenso, y, lo peor, consciente de hacerlo y de que a pesar de ello no habría recompensa. Incluso cuando perdió poder el toro, no se le entregó ni una vez, sino que hasta llegó a querer coger con el pitón de afuera. El segundo de la tarde la tomó sin tanta maldad, pero cambiante, muchas veces por dentro, sorprendiendo cuando el torero se preparaba para la tanda y, además, le desnudó el viento varias veces. Da coraje ver tanto esfuerzo de toreros de este corte, para nada. .