En el toreo no todo son derechazos y naturales. Hay toros cuya condición requiere otros métodos. Lidiar es la palabra correcta. Y para saber apreciar una buena lidia, es necesario conocer al toro que cada torero tiene delante y su comportamiento. Bien lo supo apreciar el público de Las Ventas que valoraron, en función de lo que tenían delante, la actuación heroica de los tres toreros. No sólo tuvieron que librar las arrancadas no aptas para derechazos y naturales de la corrida de José Escolar, que mantuvo el interés del público, por las complicaciones y la sensación de peligro, sino también por el vendaval. Supo valorarlo el respetable, pero no el presidente, que negó a Fernando Robleño una de las orejas más meritorias de la feria. Hay quer lapidar al que sacó a Perera en hombros, pero se aplauden estas otras actitudes. Dos veces se fue a portagayola Gómez el Pilar y digna actuación del bisoño Ángel Sánchez.

Fernando Robleño aplicó todo su conocimiento en esta ganadería y su oficio a dos toros muy diferentes. Al cuarto, alto y con mucho cuerpo, el mejor de la corrida,supo encontrar las distancias, aguantar con la muleta retrasada, en los primeros encuentros, y alargar poco a poco la embestida del toro, al que le costó desplazarse. Con sapiencia torera y, sobre todo, con la mente despejada supo dar al toro lo que pedía en cada momento, hasta dejar la muleta abajo y conseguir muletazos casi a cámara lenta, tirando de la embestida,que en algunos momentos casi caminaba y se encontraba entre la duda de seguir embistiendo o acortar el viaje. Si a eso sumamos el viento que estuvo presente en toda la faena, cuesta más creer, cómo pudo llevar tan cosidas las embestidas. La estocada, de perfecta ejecución y haciendo la cruz de forma templada, parecía necesaria para cortar un trofeo ganado a ley. Sin embargo, el presidente, en un acto de no apreciar o no interpretar la palabra lidiar, no concedió esa oreja. Dio una meritoria vuelta al ruedo.

Sin embargo, el primero, toro bajo, con buenas hechuras, jamás admitió ese toreo. De mirada viva, le faltó poder con el que desarrollar su peligro. Le costaba desplazarse, embestía siempre sobre las manos, por lo que se quedaba en la cadera y rebañaba, obligando a Robleño a perder pasos. El madrileño optó por dar espacio entre pase y pase, con el objetivo de que siempre fuera el primer muletazo de cada serie y conseguir con su inercia que finalizase los muletazos. Una vez que se puso por ambos pitones, decidió doblarse, de forma muy torera, con él. Lidiar.

El viento siguió molestando durante toda la tarde, pero no imposibilitó que Gómez del Pilar ofreciese una lección de voluntad y de saber hacer durante toda la tarde. Lo intentó con el segundo -toro de corta embestida,que se desplazaba sobre las manos a media altura y reponía a esa misma altura- al que a base de esperar la embestida con la mano retrasada y perdele una paso, a la vez que se lo ganaba hacia la cara del toro, consiguió hilvanar varias tandas de muletazos por el lado derecho. Dejó una media estocada, tras un pinchazo, que dejó al toro sin puntilla. Escuchó una rotunda ovación su actuación.

Volvió Gómez del Pilar a recibir en la puerta de chiqueros al quinto, que se arrancó de pronto y de lejos al caballo, pero que luego no empujó y buscó los pechos del caballo. La bravura no se mide en la distancia, sino en el empuje, en la embestida recta al peto y meter los riñones. Demostró luego en la muleta, que más que bravura, tuvo genio. Venía con la cara a media altura y se quedaba siempre a la altura de la cadera del torero, sin pasar. Porque embestía con las manos y no con los riñones. Genio y no bravura. Pero tiene su lidia, aunque el viento hiciera todo lo necesario por impedirla. Volvió a dar la cara, a ponerse por ambos pitones, antes de dejar una media estocada.

Dura prueba tuvo por delante Ángel Sánchez, que tuvo que hacer frente otra vez al viento y a dos toros con complicaciones. Más cuando tu concepto del toreo es enganchar los toros con la bamba de la muleta muy alante y llevarlo muy atrás, enroscando la embestida a la figura de tu cuerpo. Porque no es lo mismo llevar enganchada la embestida, que esperar con la muleta a la altura de tu cuerpo a ver si el toro toma la muleta o se decide por el bulto. Si a eso, se suma el aire y que la muleta siempre estuviera en movimiento, la tarde de Ángel Sánchez fue muy de verdad.

Su primero tuvo la suerte de caer en manos de Iván García en el capote, que dominó y redujo las embestidas con un auténtico vendaval. Porque si esa lidia no recae en sus manos, el toro se hubiera hecho el amo de la plaza. Luego en la muleta, al partir del tercer muletazo, el astado buscaba excusas y salía con la cara por arriba. Quizá el viento no permitió enganchar al toro adelante y llevarlo muy tapado. La forma de entrar a matar tan de verdad al tercero fue la definición expuesta toda la tarde de Ángel Sánchez. Tampoco la faena prendió en el sexto, un toro más noble, pero que debido al escaso poder, en el tercer muletazo doblaba las manos y la tanda tenía que comenzar de nuevo.

La lidia. Palabra que también agrupa la suerte de varas y de banderillas, en la que destacaron Juan Manuel Sangüesa, en el caballo, Iván García, con el capote, y Raúl Ruiz y Fernando Sánchez con las banderillas. Porque en el toreo hay un abanico más grandioso y abierto que derechazos y naturales. Porque también hay que calibrarla. Porque también hay que saber apreciarla.



Si te ha gustado puede que te interese:

Galería de la 15ª de San Isidro por Julián López
Las declaraciones de los toreros de esta tarde
Los detalles de la corrida de José Escolar, en el objetivo de Julián López
Lo más destacado de la 15ª de San Isidro online