Tiene Urdiales sometido a Bilbao bajo un yugo sin martillo, subyugado a su torería natural. Crece este torero en esta plaza, allí donde el toro es serio y el público señor. Fue esta vez con un toro para darle ritmo, de buen fondo y hasta clase de Zalduendo, sospechoso de nada por ser feo de tipo: algo vareado y lavado de cara, de los que, cosas de la genética, dan bien en esta casa. Como dan a bueno los entipados como el sexto, de fina lámina, manos cortas, buen cuello y seria cara para adelante y hacia arriba, enseñando las palas. Un toro con el que Ginés Marín dejó una faena creciente y de buen toreo, grande en embroques y trazo, con más fibra en la parte final, y camino quizá de las dos orejas, pero fallando en su fuerte, la espada. Una faena torera y una faena de esperanza alimentaron la tarde. Esos dos toros y el primero, noble aunque sin la clase de esta vacada, bien administrado por Ponce, fueron las notas buenas de una tarde de feria que necesita, más que nada, una mejor respuesta del público.


Anda la cosa cojeando, con la baja de Roca Rey, afligidas las taquillas cuando más se necesitan, descomponiéndose las ferias más rematadas como la de Bilbao, pues hoy por hoy, sustuir a Roca Rey se puede, quizá en calidad, pero no en tirón. Es una evidencia. Porque hay calidad a raudales en toreros como Ginés y Urdiales. El de la Rioja en estado de madurez natural. Uno de esos toreros que, sin más presión que la suya, lo borda. Salió el segundo a la plaza y el público reaccionó de forma que hoy se diría sectaria: no era toro guapo dentro de su seriedad, pero guapos no podemos ser todos, oiga. Y como medio blandeó y mantuvo cierto desorden en los primeros tercios, doblando manos un par de veces, se le protestó. Error porque el toro se movía cada vez mejor. Y el ritmo y el fondo era cosa de ser calibrada por un torero que toree bien. Urdiales.

El de la Rioja en estado de madurez natural. Uno de esos toreros que, sin más presión que la suya, lo borda.
Pidió buen trato el toro, primero eso que dicen 'hueco', sitio y no amontonarse, para adquirir celo y evitar que perdiera las manos. Así comenzó la faena el de Arnedo, mente despejada, cuerpo encajado y apostando por el buen toro, volviendo las protestas en olés. Cogida la distancia, surgió el toreo natural por naturalidad, ya quedándose en el sitio para ligarlo, respondiendo el toro, bien embrocado el torero. Alternando pitones, la siguió bien y por abajo al natural aunque sin tanta ligazón, fetén y torero en los finales de las tandas y con un final de faena a pies juntos con la izquierda de una calidad y torería superiores. Buena estocada por derecho y bien ganado el trofeo.

Hubo otro toro y otra faena de interés grande. A la salida del sexto, parte del público ovacionó la presencia de un toro fino de cabos y piel de buen cuello, manos cortas y mucha plaza. De sienes estrechas, el toro echaba la cara para adelante y para arriba: seriedad y buena mirada de frente del torero, porque el de Zalduendo enseñaba las palas. Embistió bien con el capote, y Ginés lo lanceó con compás, cumplió en varas, tomando cada vez más pronto y mejor los vuelos en la lidia. Y Ginés Marín se lo dejó llegar en la distancia larga en la primera tanda con la mano derecha. De los que piden todo por abajo.

Ginés Marín se lo dejó llegar en la distancia larga en la primera tanda con la mano derecha. De los que piden todo por abajo.

Fue el de mejor son, con el pero de perder a veces el celo de mitad de faena hacia adelante al final de los pases. En las primeras tandas, la labor del extremeño quedaba en tierra de nadie justo cuando ganaba eco por un tropezar las telas o un perder las manos, pero a partir de la cuarta tanda, más enfibrado el torero, la faena caló de verdad y de forma creciente, justo cuando el toro perdió inercia y había que traerlo más toreado. Siempre a más, más crecido el torero, que lleva una gran racha este año, con más fibra en los cites, expresión de buen y reunido toreo. Tiró Ginés de arrebato final en unas bernadinas muy ceñidas cambiando el viaje del toro, pero pinchó dos veces, dos. Arriba quedaron señalados, pero se dejó un triunfo importante.

La corrida dejó ver que Ponce está. Y que está bien. Tuvo el primero movilidad sin la clase para deslizarse del todo, noble y con movilidad y la faena se mantuvo en el tono del buen interés, por la actitud del torero, la ligazón de las tandas, el toreo de buen tino a la altura del toro y el calor de la gente. Hubo petición suficiente tras la estocada, y no andan las cosas como para andar siendo cicateros, que Bilbao no pierde nada de seriedad por conceder orejas a esas faenas. Más deslucido el cuarto, embistió mejor pero sin repetir por el pitón izquierdo y permitiendo más ligazón por el derecho, perdiendo celo tras pase y pase. Un toro similar al quinto, de manos cortas y buen aire y escaso fondo. Anduvo torero Urdiales, sacando pases de trazo hernmoso pero sin la ligazón necesaria, con el toro escaso de celo al salir de cada pase y a menos. El tercero, de Ginés Marín, lleno, lustroso, de cuello más corto y serio, fue el que más pronto echó el cierre.

Tuvo la tarde cierta tristeza en los asientos azules del Bocho, contrastando con la realidad de un toreo de calidad, torero y cabal de Urdiales, y la esperenza cierta del valor de Ginés. Añadimos que Ponce es amo en Bilbao y que embisten toros, y al toreo no le salen las cuentas. Ni a la feria mejor pensada. Seamos optimistas, aún queda mucha Semana Grande.


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