¿Se lo imaginan en otro lugar, en otro espectáculo, en el cine o en el teatro? Hace Matías en esos contextos lo que hizo hoy con Luis David Adame y los ríos de acusación de xenofobia llegarían hasta Arabia Saudita, país de la Monarquía Absoluta perfecta. Pero no es xenofobia. No. Negar la segunda oreja pedida de forma clamorosa y ganada de forma aún más clamorosa a Luis David ( enorme esta tarde ) no es xenofobia. Ojalá. Ahí estarían los tribunales. Es otra cosa que son dos cosas. Una que, desde que Matías cometió la primera barbaridad han pasado muchas décadas. Y en estas décadas, señoras y señores, no sé si se dan cuenta, pero la sociedad ha cambiado, afinando las libertades y los derechos. Menos en el toreo que va en contra del mundo, ancianos casposos de reloj parado, peleados con la sociedad, las libertades, la gente y el futuro, por una razón anacrónica : que un reglamento que data de la época franquista, aún dice que un señor tiene el poder sobre la felicidad y la voluntad de las gentes en un espectáculo y en un arte. ¿De verdad qué nadie se da cuenta qué el mundo ha cambiado, qué vamos al revés de los tiempos ? El toreo es del pueblo. A ver si se enteran. Del pueblo. No de reglamento, ni de Matías. La segunda cosa tiene que ver con ese roneo endogámico bilbaíno que alardea de tener libertades artísticas mientras ampara la Monarquía Absoluta que existe en Euskadi y su capital Bilbao. La Monarquía Absoluta de Matías por la gracia de Dios. Y nada cambiará porque en Bilbao nada cambia. En el toreo nada cambia. Quede claro que Luis David, a un altísimo nivel hoy, se ganó la Puerta Grande. Pero a los que mandan en el toreo eso les da igual. Porque el toreo y su futuro les da igual.


Tarde rara. En el contexto de la mejor entrada del ciclo, lució extraña la tarde pues la corrida de los dos hierros de Domingo Hernández y Garcigrande, una muy buena corrida, mando lotes de hechuras muy dispares que no acoplaron bien sus bienes embestidas con sus feas hechuras en muchos casos. Extraña porque Ponce, con un lote bueno, no rompió el cerrojo; porque El Juli, muy asentado y torero, parecía que iba a cuajar una gran faena a un toro que prometió más de lo que fue, porque se protestó al sexto de la corrida por flojo, fino, alto y vareado, y resulta que fue de calidad sobresaliente. Saliendo el toro del peto Bilbao parecía Benidorm con gente pitando, voces de taberna y rechiflas. Remontar aquello era difícil. Y para ser sinceros, Matías, que sabe de esto pero que sabe más de egolatría, aguantó al toro al que Luis David le hizo un quite por zapopinas soberbio, llevando al toro muy toreado en los vuelos. Quite menor que se hizo mayor. Tras un buen tercio de banderillas, nadie daba un duro por toro y faena. Tanto es así, que una tanda al natural de trazo cumbre de Luis David no tuvo eco. Tuvo que ser con la derecha y con una especie de circular cuando la gente comenzó a hacerle caso, y a partir de entonces la faena creció para no bajar. Siendo bueno lo que hizo con la mano derecha, hubo tres tandas con la izquierda que jamás se habían visto en este toreo, muy buenas en cite, trazo y profundidad. Crecido. Embestida del toro a lo mexicano y naturales a lo mexicano. Público en pie. Y todo muy ligado, sin alardes sin afectos especiales. Metida la gente en la canasta, la estocada recibiendo es de las de poner en las escuelas, saliendo el toro rodado de los vuelos de la muleta. Lo que paso después fue que la gente mandó al carajo al presidente por no sacar el segundo pañuelo. Pero al presidente la gente le da igual. La gente, su felicidad, su albedrío y su libertad le da igual al reglamento. La gente no sabe de toros y hay que tutelar su pasión no sea que esto sea del pueblo. Del pueblo. Si. Del pueblo, entérense señores que mandan en el toreo.

Andamos habla que te habla de los jóvenes y cuando sacan la cabeza en una plaza importante hay que rezar a Dios para que el Rey no sea absoluto.
Ya había cortado Luis David una del tercero. Otro toro serio, de hechuras nada armónicas, cuesta arriba, bastito y de poco perfil con el que tiró una larga al hilo de tablas para recibirlo, cuestión que también hizo en el sexto. Toro bravo y costoso para cogerle el ritmo como sucede en esta ganadería encastada. Más de raza que de clase, embistió mejor cuando Luis David le cogió distancia corta. Embebiendo al toro de trapo surgieron tandas rotundas y ligadas en una faena que también fue creciendo en interés, ayuna de alardes y seria en concepto, cites y trazo de los muletazos. Lo mató de una estocada casi entera recibiendo. Una gran tarde de este torero, aunque a algunos les da igual, porque andamos habla que te habla de los jóvenes y cuando sacan la cabeza en una plaza importante hay que rezar a Dios para que el Rey no sea absoluto.

El lote de peor condición fue para El Juli. Un sobrero basto que se movió poco y sobre las manos, sin tirar para adelante y echando la cara arriba. Trató El Juli de prolongar el viaje y corregir defectos de mil maneras, pero el toro incluso fue empeorando. Serio y cuesta arriba fue el castaño quinto, que tuvo buen aire. Noble y de vez en cuando metía la cara con cierta calidad. Pero le faltó fondo y además negó el ritmo. Unas veces, la tomaba largo, otras no. Otras veces repetía para tener que ganarle el pitón y hasta acortar distancias. Por eso, la faena, con un Juli erguido, a veces en desmayo, de toque suave y torera composición, tuvo tramos excelentes, sobre todo, al natural, pero de ligazón escasa con el toro apagándose a mitad de trasteo. Una faena interesante en expresión propia de oreja.

Tras toreros doblones, Ponce trató de hacer ese toreo de figura erguida y desmayo, cuando quizás el toro pedía poder y mando por abajo

Buen lote para Ponce. Uno de buen cuello, abierto de cara y de poco perfil que, saliendo suelto del peto, se vino arriba con bravura y raza. Tanto que pareció escasamente picado. Tras toreros doblones, Ponce trató de hacer ese toreo de figura erguida y desmayo, cuando quizás el toro pedía poder y mando por abajo. En los terrenos de afuera la faena iba cogiendo cuerpo hasta que lo cambió a otros, más al tercio, y ahí el toro peso más y pudo más. Bueno también el cuarto al que Ponce le hizo dos faenas. Uno cuando el toro tenía dentro todo el poder, mejor con la mano derecha, sonando la música, y otra con el toro más templado, surgiendo un toreo menos ligado. Más despacioso, con el toro embistiendo como embiste uno de Teófilo o de Saltillo. Ponce hizo un metraje exceso. Tardó el toro en doblar tras una estocada casi entera poniendo punto final a la que pueda que sea su tarde menos lúcida en Bilbao.



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