Adquirir esa clarividencia que requiere el toro siempre fue el destino para el largo peregrinaje que tiene su Omega en la ansiada alternativa. Un maná anhelado que espera en menos de un mes a Ángel Téllez. Guadalajara mediante. En Valencia, hace dos octubres, empezó a labrarse el camino cortando dos orejas en tarde de 'arrear' pues mató hasta tres utreros. Hoy, en Valencia también, su vestido de luces desprendió esa inteligencia y oficio del que está preparado para el salto. Con enorme aplomo, cortó la única oreja de una novillada desigual en hechuras y comportamiento de Guadajira, a la que faltó casta y clase, con la excepción de un tercero al que Francisco de Manuel 'pinchó', con acero romo, un trofeo. El local Juan Cervera regresó casi una década después a Fallas con el lote menos propicio y más propenso a airear su evidente verdor, pese al buen trazo de su toreo.

El mejor toreo de capa -mecido ramillete de verónicas- de la tarde corrió a cargo de Ángel Téllez en ese quinto de oreja. Un castaño, lleno y con cuajo, muy abierto -casi playero- de cuerna, que empujó en varas, pero cuya movilidad inicial derivó en genio y 'disparo' en las telas a medida que avanzó su lidia. Téllez, que brindó al público, logró evitar que le tropezara el engaño a base de temple y así ligó dos tandas de derechazos de gran mérito. Ahí, al sentirse 'podido', bajó el 'carbón' del novillo. Lleno de aplomo y cuidando en todo momento la colocación previa al embroque, el madrileño acortó entonces las distancias y, muy cómodo entre los pitones, logró robarle los muletazos para prolongar la faena. El epílogo, muy cruzado, a pies juntos con la diestra. La estocada casi entera, aunque algo trasera, resultó suficiente. Asomaron los pañuelos y paseó la oreja..

Alto y bastito de hechuras, aunque el más agradable por delante, el castaño bocidorado que hizo segundo pasó una y otra vez sin humillar en el saludo capotero de Téllez. Se hizo notar Francisco de Manuel a la verónica en su turno de quites. Replicó por saltilleras Téllez, que comenzó por doblones el trasteo para seguir en redondo, aprovechando la movilidad y el recorrido de un ejemplar al que le faltaron siempre finales. Así, se fueron sucediendo la series, ligadas, sin prender del todo la mecha de un tendido algo frío con un novillero rodado, con el oficio bien aprendido y que supo leer -dejandósela muy puesta en el hocico- lo mejor para el manejable novillo en todo momento. Calentaron algo más al tendido las manoletinas postreras. Tras pinchazo y estocada baja, dio una vuelta al ruedo.

Más bajo y corto, bien hecho, el cornidelantero tercero humilló en el saludo de capa de Francisco de Manuel. Hizo sonar el estribo en el caballo y siguió mostrando nobleza y buena condición en los engaños. Tuvo ritmo en un tercio de banderillas en el que el madrileño clavó con suerte muy dispar. Tras brindar a El Soro, se echó de rodillas para torear en redondo entre las dos rayas. Esa ligazón se mantuvo en la siguiente tanda también con la diestra. Y es que el novillo, aunque algo tardo, tuvo clase y lo quiso todo por abajo siempre. Hubo dos tandas al natural, con hondura y largo trazo, preludio de un tramo final lleno de rotundidad en los que 'atacó' en derechazos de mano baja al buen 'Guadajira'. El tendido 'mascullaba' pedirle un trofeo, pero 'pinchó' por dos veces antes de una estocada en el sitio y se esfumó aquella intención de pañuelos blancos.

Fuerte y apretado de carnes, acapachado y sin demasiado cuello -como la mayoría de sus hermanos-, el sexto echó las manos por delante en el vistoso saludo de capa del madrileño, ahora verónicas ahora chicuelinas, antes de la revolera. El quite -también por verónicas- tuvo la rúbrica de una media superior. Declinó banderillear tras no verlo claro en su primero y ¿qué pasó? Pues que se 'desmonteraron' Juan Carlos Rey y Fernando Sánchez. Peor el remedio que la enfermedad. Le otorgó distancia en el arranque de faena, en los medios con la derecha, pero al novillo le faltaba celo y transmisión. Muy sosote, nada caló en los tendidos. Silencio tras aviso en ambos.

Casi una década después, vida y media desde entonces, Juan Cervera regresó a Valencia por Fallas. Sorteó un utrero montado, largo y que abría la cara, que salió sin excesivo celo y echando las manos por delante que le impidió estirarse con el percal. Barbeó el animal, muy a su aire. Lo mostró en el peto, sin entrega, saliendo en cuanto pudo. Tuvo descompuesta movilidad por el derecho y embestidas algo más templadas al natural que hicieron atisbar -pues fueron naturales deslavazados- fino corte en el novillero. Ni para eso deparó el cuarto, bajo y regordío colorado con el que se lució Raúl Martí con las farpas y que marcó querencias hasta 'rajarse' descaradamente en el primer muletazo. Mal con el acero en ambos, obtuvo silencio tras dos avisos, al cuadrado.