Van cogiendo calor estas Fallas conforme se acercan los días de estruendo y pólvora, que coinciden en carteles y calendario con el fin de semana. Amparados en una buena corrida de Zalduendo, hasta ahora la mejor presentada del serial, cinqueña, honda y bien hecha, y salvo el parado cuarto, toda ella aprovechable desde los distintos matices que tiene la bravura, López Simón se hizo acreedor a la primera Puerta Grande del serial.

El de Barajas, que no se había vuelto a vestir de luces desde el pasado mes de octubre, dijo ser el mismo torero resolutivo de siempre, pero pareció más suelto y menos encorsetado, sus engaños aparentaron tener más vuelo, se deslizaron menos rígidos, y por tanto los muletazos ganaron en longitud y dimensión. Castellón dentro de unos días, pero sobre todo Sevilla y Madrid deberán corroborar esta progresión.

A su primero, toro fino, largo, con la cara para delante y desarrollo de pitón, le ligó un inicio de faena explosivo pegado a tablas, que fue el reclamo ideal para demandar focos. Estoico en el preámbulo, antes de pasarse al toro por la espalda. Las dos primeras series con la derecha hicieron sonar la música. Faena de recursos, seguida con interés, rubricada en la corta distancia, con circulares invertidos, incluso hasta dejarse rozar la taleguilla con los pitones. La gran estocada fue la rúbrica perfecta y la antesala del primer trofeo.

Y al sexto, si cae a tiempo, le corta las dos, porque 'Tolerante' fue el toro de la corrida y la de López Simón, la faena de la tarde. Largo, apretado de cuerna, más basto, transmitió y tuvo recorrido, y además, quiso siempre empujar el engaño por abajo, sobre todo por el pitón derecho. Por ahí basó la faena el torero madrileño después de un inicio genuflexo pero sin obligar al toro. Hubo temple en las dos primeras series, improvisación, por el modo de sacarse, de nuevo, la embestida por la espalda, ligazón, limpieza, fluidez... y unas bernadinas de insuperable angostura antes de que la tardanza del toro en doblar dejara el premio en un solo trofeo.

Otro cortó El Fandi del quinto, largo, acapachado, más amplio de cuna, que después de quedarse crudito en varas tuvo raza y hasta temperamento en el último tercio, porque le faltaba el temple que da el peto. Tiró el granadino de repertorio y también de facultades, pues vio cómo el de Zalduendo, pronto y con alegría en los albores del trasteo, le apretaba en ocasiones hasta obligarle a perder pasos. Antes, pudo obtener premio igualmente del segundo, al que dejó la muleta en la cara, sin obligarlo, y el animal respondió con movilidad. Le buscó las vueltas con oficio el torero antes de que un pinchazo previo a la estocada impidiera la demanda de premio.

Se vio sereno y reposado a Ferrera, que enlotó por delante un burraco de exquisita calidad, pero sin la fortaleza necesaria para poder terminar de desarrollarla. Aún así, como el toro tuvo fondo, la faena contó con estructura y compás, acompañando la embestida, sin apretar al animal, y alcanzó cotas estimables sobre el pitón zurdo. Al cuarto, más lleno, le costó desplazarse. Ferrera le dio tiempo, trató de pulsearlo y le sacó muletazos y series de mucha limpieza, pero el trasteo careció de emoción.