Una tarde. Incluso, puede que una temporada, pendiendo de ese delgado hilo invisible de verdad que dirime la gloria del hule. Enrique Ponce prendía ya, tras la oreja cortada al segundo, la mecha de su enésima 'mascletá' fallera, el quicio entreabierto para la anhelada Puerta Grande. La cuadragésima en Valencia. Casi nada. El vértigo de los guarismos que siempre genera una figura de época. El afarolado previo al de pecho tantas veces ligado y llegó el cataclismo. Un derrote seco al muslo izquierdo a mitad del embroque. Una caída fatal con la rodilla izquierda hecha jirones. Como su temporada, la trigésima de alternativa. 'Mínimo dos meses', barruntan los galenos. De la Puerta Grande a la de la enfermería. En un parpadeo, la verdad del toreo. Como franqueza tuvo una faena enorme de Diego Ventura, al cuarto que pinchó. Toñete estuvo más que digno con un lote, muy serio y exigente, como toda la enrazada corrida de Olga Jiménez, a los que se unió un 'Parladé' noblón, pero sin finales, que duró un suspiro.

Porque los tres de Casa Matilla, bajo la nomenclatura de Olga Jiménez, fueron toros encastados, con poder, y, seguramente, los de mayor seriedad y más astifinos de lo que va de Fallas. Por ejemplo, ese largo, musculado y estrecho de sienes quinto, astifino desde la mazorca que hirió a Ponce. Lo había toreado el de Chiva a la verónica con bríos, aprovechando el denominador común de la movilidad de todo el envío. Tuvo también mucha prontitud el burel y Ponce vio ingredientes para cincelar una nueva obra maestra ante sus paisanos. Brindó incluso al Valencia CF, por ese Centenario que sirvió de inspiración a su terno blanco y azabache de hoy, y comenzó a torear en el tercio en redondo. El toro, con más movilidad que clase, pues nunca se terminó de entregar en los engaños. Se violentaba en cuanto punteaba los engaños, a pesar de tener cierta nobleza, que aprovechó el de Chiva para correr la mano y ligar las tandas. Le resultó fácil llegar al tendido. En estas, tras un afarolado, quiso ligarle el de pecho, pero el animal se paró a mitad del viaje y lo izó dos metros por la parte trasera del muslo izquierdo. Certero pitonazo. Había cornada. Era lo de menos. La caída, feísima, sobre la rodilla izquierda, ya maltrecha los últimos meses. Imposible apoyarla. El parte avanzó una lesión grave en los ligamentos y, quién sabe, cuando la máscara del derrame y la inflamación desaparezcan de la articulación.

Antes, había encarrilado otro día más en la 'oficina' de la calle Xátiva cortando una oreja del bajo y fino segundo, con las puntas mirando al cielo. Toro medio, exigente, porque no anduvo sobrado y tendió a defenderse, por lo que soltó la cara una barbaridad. No obstante, cuando el valenciano logró que no le tocara el engaño, la tomó por abajo con cierta transmisión. Le saludó ya con un buen ramillete de verónicas y luego, en el tercio siempre en paralelo a las tablas, Ponce tiró de cátedra y sacó la enciclopedia para elucubrar una faena medida en distancias y terrenos en la que, primero, dio celo al burel, y luego, a base de 'empaparlo' en la franela, le robó las tandas. Hubo una final con la zurda, echando los vuelos y enganchando cada embestida, superior. Estocada entera para dejarlo sin puntilla y trofeo en mano.

La otra oreja de este antepenúltimo 'bocado' fallero fue para Diego Ventura. Regresaba el hispano-luso, ausente en 2017, a la ciudad del Turia y esparció por el albero su condición actual de número uno del rejoneo. Se tuvo que 'remangar' para ello. Porque el cuarto, de Los Espartales, a pesar de sus buenas hechuras pareció tener dos velocidades. Embistió fuerte, de repente, prácticamente a arreones, pero, a veces, incluso se paraba. Nada sencillo torear a caballo con él. Por ello, Ventura, tras los dos rejones de castigo, tiró de galones. Sus dos caballos estrella al ruedo. Primero, con 'Sueño' bordó el toreo de costado, pegando auténticos muletazos a caballo en el cambio de pista. Luego, 'Nazarí' le ofreció los pechos con el toro viniéndose andando, sobre todo para fuera, sólo caminaba el 'Murube'. Para dentro, tragó vinagre puro con el propio 'Nazarí' para clavar dos farpas de enorme mérito con el toro a favor de las querencias. La rúbrica, con 'Dólar' poniendo el par a dos manos sin cabezada. Sensacional, porque citó muy en corto, a toro y caballo parados. Además, clavó reunido, en una moneda, en la primera pasada. Dos rosas al violín con 'Remate' antes de pinchar en el primer intento. Sin embargo, el rejonazo posterior puso la oreja en su mano. La realidad es que, con acero certero, era de dos.

Antes, había roto plaza otro toro de José Luis Iniesta más montado y bastito, que tuvo codicia de salida, aunque tendió a abrirse del embroque, al que paró con 'Lambrusco' en un palmo de terreno. Se lo dejó crudo, un sólo rejón esta vez, y sacó también a 'Nazarí' con el que templó a dos pistas. Buen toreo de costado, dejándose llegar las astas muy cerca antes de clavar batiendo al pitón contrario. Después, con 'Lío' quebró en dos farpas ajustadas y meritorias, porque el burel tuvo movilidad, pero le faltó poder. Nuevo carrusel de cortas al violín sobre 'Remate' para epilogar una labor maciza, a la que el acero romo, hizo que la opción de oreja se esfumara.

Antonio Catalán 'Toñete' cerraba el cartel. El joven madrileño echó una tarde más que digna ante dos toros que pedían 'carnet' a un espada que todavía cuenta con una mano sus corridas de toros desde la alternativa. Salió con solvencia de su quinto paseíllo e incluso dejó una tanda de naturales limpios y muy templados al sexto, segundos después de 'despenar' al toro del percance de Ponce. Ese 'cierra-plaza' fue otro animal enrazado, exigente, pero que destiló buen fondo de mitad de faena para delante. Tanto en esa tanda con la zurda como en la siguiente, en redondo. Pero, para entonces, el tendido estaba varado en puro cloroformo, frío y anestesiado tras lo de su 'ídolo' de Chiva. Antes, se las vio con un acapachado 'Parladé', de perfectas hechuras, que resultó manejable, hasta noblón, pero al que faltaron siempre finales. No se entregó y tropezó el engaño más de la cuenta, lo que deslució mucho una faena en la que, por si fuera poco, a menos, se deshizo como un terrón de azúcar en descafeinado.