Se mide con un reloj, como legado de los sumerios, aunque existe una forma distinta de calibrarlo en la mente y el pensamiento de cada ser humano. Cada uno tiene el suyo. Y en La Tauromaquia, también a cada torero le pertenece uno propio. Hablo del tiempo, quizá el juez ideal para desgranar lo sucedido en la última de la Feria de Fallas, donde con, seguramente la mejor corrida del abono, Finito acaparó titulares, Román los perdió con la espada y Ginés con el descabello. Sólo se cortó una oreja y un toro fue premiado con la vuelta al ruedo, pero la tarde dio mucho más de sí y merece un análisis más pormenorizado del simple dato estadístico.

La gente salió hablando de él, pero, seguramente, hace quince o veinte años no hubiésemos ponderado tanto la tarde de Finito. Seguramente los dos toros de Gallardo se hubieran llevado todas las loas, mientras al torero de Sabadell le hubiéramos censurado la ausencia de ligazón, lo excesivamente espaciadas que surgieron sus pinceladas o su poco ortodoxa manera de tirarse a matar. Hace dos o tres décadas Finito estaba en todas las ferias, acabó un año lider del escalafón, salió en hombros en Madrid, indultó a 'Zafiro' en Barcelona, la última tarde de Romero en Sevilla puso en pie a La Maestranza, también a La Malagueta, a 'su' Córdoba... y le poníamos pegas...

Hoy la gente disfrutó de las 'pinturas' que el 'Fino' dibujó sobre la arena valenciana, de sus naturales de trazo largo, de sus improvisados remates o de sus cadenciosos muletazos, para cerrar al toro. Detalles, fogonazos del conocido como 'toreo accesorio', que seguramente se ponderó como fundamental, porque es un modo de interpretar y de desenvolverse por la plaza que hoy escasea, que los nuevos aficionados no han visto y los viejos rememoraron con la indulgencia que da la nostalgia.

En el manejable primero tardó en encontrar acomodo, seguramente por culpa del aire. Hubo varios cambios de terreno, algunos enganchones, pero después de cerrar al de Gallardo en terrenos del 10, consiguió varios naturales de trazo largo, y al final de faena, con la derecha y el toro ya haciendo amago de rajarse, acompañó el viaje del toro hacia las tablas con verticalidad y relajo. El cuarto fue basto y noble y Finito se lo sacó al tercio con porte. Hubo dos series con la derecha más ligadas, al principio, y naturales sueltos de buen dibujo, con el toro acometiendo muy descolgado. Volvieron a cotizar los destellos y tras pinchazo y estocada los canjeó por la única oreja de la función.

Los tiempos de Román y Ginés son otros. También las urgencias. Y se notan en el modo de afrontar las lidias. El valenciano sorteó por delante a 'Damasco', uno de los toros de la feria. Más temperamental que el célebre 'Horroroso', estrecho de sienes, bajo, fino, con la punta del pitón vuelta, se quedó además crudito en varas. No se dejó nada dentro Román, que después de principiar faena con una arrucina de rodillas en los medios, fue cogido de modo escalofriante cuando trataba de pasarse al toro por la espalda, también de rodillas. Si el pitón le atraviesa el brazo en lugar de la manga de la chaquetilla estaríamos hablando de un percance muy serio.

Tuvo el animal prontitud y boyantía en sus embestidas y el torero le planteó una faena de ataque, sincera, sin renuncias, siempre con la muleta por delante, luciendo al toro, con gran actitud. Cuanto más le sometió mejor respondió el de Fuente Ymbro. Con la zurda la faena creció en las dos series más rotundas de la faena, muy por abajo, antes de concluir con otras dos tandas, una por cada pitón, menos compactas. Sin ser faena redonda, el premio era de los gordos por la emoción de lo realizado... pero se quedó en el filo de la espada. También en el enclasado quinto, grande, menos apretado, se esfumaron las orejas con el acero. Destacó el último tramo, cuando Román apretó al astado y subió el diapasón de la intensidad. Se vació el torero, alargó la faena quizá en exceso buscando ese segundo trofeo y el toro no se lo puso fácil a la hora de matar.

Ginés, que despachó primero al garbanzo negro -castaño en este caso- del espectáculo, también pudo irse de Valencia con una oreja en el esportón, pero en esta ocasión fue el descabello el ladrón. Estuvo luego listo el extremeño para buscar la inercia a al último toro de la feria, que acometió con más movilidad que entrega, al que dio distancia y ligó muletazos con recursos. La última serie con la mano zurda seguramente fuera la mejor de la faena. Como sucedió con Román, hubo de recurrir a un final explosivo -bernadinas abrochadas con un molinete de rodillas- para dejar de nuevo constancia de sus ganas. Quizá esa actitud y esa determinación se valore y reconozca de otro modo, como el toreo de Finito, dentro algunos años.