Pablo Aguado: 'Sevilla ya forma parte del pasado y de eso no vive un torero'

William Shakespeare dijo que 'el pasado sólo es un prólogo'. Pablo Aguado quiere suscribirlo. El diestro sevillano que revolucionó el toreo el pasado viernes cortando cuatro orejas en La Maestranza, Feria de Abril mediante, ya mira al futuro. Quiere que su aldabonazo en El Baratillo sólo sea la primera página. Por eso, tras 'una cena en el hotel con la familia, los amigos y esa gente que confiaba cuando nadie lo hacía', prorrogada ya de noche en la misma Feria, Aguado quiere 'borrar de la mente Sevilla, por lo menos, hasta que pase Madrid'. San Isidro, a las puertas. El Cónclave espera.


Ha pasado el fin de semana, aunque tenía Valladolid de por medio, ¿ha empezado ya a 'digerir' todo lo que ha sucedido?
- Cuesta asimilar todo, pero ahora ya esta semana me empiezo a dar cuenta de todo lo que ha pasado, porque he pasado varios días como en una nube. Por eso, ahora mismo, la principal prioridad que tengo es borrar de mi mente todo esto, por lo menos, hasta que pase Madrid. Tener la cabeza fría, seguir con los pies en la tierra, porque La Feria de San Isidro está ahí y la Feria de Sevilla ya es parte del pasado.

Decía después de la faena al tercero, que esperaba emocionarse viéndose por la televisión torear tan despacio. ¿Ha visto ya la faena?
- Sí, sí ya la he visto. Bueno... siempre se puede mejorar. Uno es autoexigente y, sabes lo que pasa, que los toreros siempre acabamos sacando pegas cuando vemos la faena repetida. Como dijo Rafael de Paula:

'en la televisión sólo hay toro y torero, pero en el ruedo hay toro, torero y ese sentimiento que convierte una faena en algo único, algo especial'.

Hablaba de la dureza del invierno, de aquellos sacrificios, tiene que resultar muy complicado para un joven de su edad renunciar a tantas cosas, a la calidad de vida que lleva la gente con sus años, por dedicarse en cuerpo y alma al toro.
- Claro que es complicado, es difícil dejar de lado todo eso... Pero compensa todo, sobre todo, cuando vives algo como lo del viernes. Es una profesión muy dura, tremendamente exigente porque te obliga a estar bien siempre tanto mental como físicamente, es un peaje grande, pero cuando hay una recompensa así, que te llena de esta manera... Se olvida todo lo demás. Escuchar a La Maestranza rota a gritos de 'Torero, torero' en plena faena es lo que gratifica y paga esos esfuerzos, porque vale mucho más que cualquier triunfo numérico.
 
Ya había apuntado el año anterior en el mismo escenario, ¿pensaba que iba a torear más la temporada pasada después de esa oreja en la Feria de 2018?
- Por supuesto que pensábamos que iba a torear mucho más, porque se cantó mucho esa tarde. Pero bueno, soy de los que piensa que todo pasa para bien. Es lo que acabamos de hablar, al final, lo que te motiva a entrenar cada mañana es saber que, por injusta que parezca esta profesión y aunque no tengas en el horizonte ningún contrato, llegará ese día soñado.

¿Lo pasó tan mal como dijo en esas dos semanas previas a la corrida?
- Todos los toreros nos agobiamos mucho y sufrimos esos días antes de torear. Desde fuera, ves imposible enfrentarte a un toro y ser capaz de torearlo. Además, en mi caso, cometí el error de ver todas las corridas por televisión y todavía me sentía más incapaz de estar a la altura del grandísimo nivel que han mostrado todos mis compañeros. Luego, también he de reconocer que, cuando más he tenido esa sensación que te atenaza, mejor he rendido después en la plaza, supongo que por el sentimiento de responsabilidad que te acaba despertando dentro de ti. ¿Dormir antes de torear? Sí, a pierna suelta, cuando suelo dormir peor es después de la corrida, sobre todo, sí hay triunfo.

Fue una tarde de emociones fuertes desde el paseíllo...
- Morante en su primero ya estuvo francamente bien, luego Roca Rey se va a chiqueros, llega mi faena, Morante pone toda la carne en el asador en una respuesta de figura del toreo... Fue uno de esos días en los que se percibía la intensidad desde el primer segundo, había una atmósfera muy especial para que pasara todo lo que pasó.

¿Se saborea una Puerta del Príncipe o como dicen otros compañeros se sufre más que se disfruta entre tal gentío?
- Fue apasionante. Me da mucha rabia ahora, porque pasó en unos pocos segundos y no te da tiempo a disfrutarlo como quisieras. La paliza es grande sí, pero es aún más bonita esa sensación de ver a toda aquella gente entregada, emocionada incluso en algunos casos, por ti. Es precioso y vale más que cualquier oreja. Luego, en el hotel en la ducha, que suele ser momento más de reflexionar uno solo, tampoco era consciente, sólo sentía que tenía una felicidad enorme dentro. Quizás más por las sensaciones propias que me había dejado torear de esa manera que por el impacto y la repercusión que podía tener aquello.

'Príncipe de Sevilla', 'Sevilla por fin tiene torero', 'heredero de Morante'... ¿Abruman todos esos titulares?
- Sí, la verdad que me saturan un poco. Me abruma todo este torrente... Después de algo así, por como soy, me gustaría estar más tranquilo, a mi aire, porque sé de la responsabilidad que va a llegar detrás de esos titulares... No me asusta tanto halago, pero soy una persona sencilla.

Ahora comienza la verdadera exigencia, la de mantenerse ahí. Además, mirando ya a Madrid... Madrid es el doble de exigente que el resto.
- Soy ambicioso, quiero más, porque la tarde del viernes en Sevilla ya forma parte del pasado y un torero no vive de eso. Asumo que una tarde así de rotunda depende de muchos factores y no todos van a estar en mi mano, ni en el toro, pero a la gente eso le va a dar igual, sólo quieren ver al mismo Pablo Aguado de Sevilla. Ahí está el verdadero reto. Nunca me veo capaz de repetir una faena buena, así que imaginate esta... Como me decía un amigo el mismo viernes:

'Prepárate, porque ahora vas a empezar a competir contra ti, te van a comenzar a comparar contigo mismo'
Además, la afición de Madrid le espera, cayó de pie en la tarde de su confirmación.
- Madrid me responsabiliza mucho. Tengo claro que es un público muy entendido y que, después de este aldabonazo en la Feria de Abril, las circunstancias van a ser aún más exigentes, pero cuando el tendido ruge: como Madrid, no ruge ninguna. Ojalá me puedan exigir siempre igual, porque esa será una gran señal. Voy en la primera semana y no vuelvo hasta el último día. A ver qué tal sale este planteamiento, el primer compromiso es un cartel bonito con tres toreros jóvenes y emergentes, el segundo me apetece mucho con una gran ganadería, al alza y que viene de echar una corrida muy importante en La Maestranza. Tengo muchas esperanzas.

Cambia el escenario, le espera un año precioso por delante.
- Sí, el panorama se ha aclarado totalmente, por supuesto. Afortunadamente, gracias al triunfo el teléfono no ha parado de sonar. Vamos a poder ir con categoría a los sitios, que es lo que uno siempre ha deseado, vivir en torero y estar en el circuito de ferias.