Una tarde de alta nota, por importancia y de determinación máxima. Así fue cómo Álvaro Lorenzo puso a prueba los conocimientos del mismísimo público de Sevilla. Los examinó a todos con la determinación con que trató al lote 'más pacífico' de una complicada corrida de El Pilar con muchos defectos, casi ninguno evidente de cara al aficionado. Pocos se enteraron de una actuación muy para aficionados, porque sus dos toros no regalaron ninguna embestida dentro de una corrida difícil de leer. Porque hasta Sevilla vio bravo al cuarto, un toro que fue pronto en varas, pero sólo eso. Y pronto no significa bravo, sólo significa pronto.

La corrida era para saber de todos, no ya el público, sino el aficionado. Porque Álvaro Lorenzo hoy tenía que haber salido de Sevilla con dos orejas. Y no sólo con una vuelta al ruedo. Ni Moral, que lució al alegre y pronto cuarto, que luego empujó con las manos, ni Ginés, que fue un as de espadas, por contundencia y por pureza, tuvieron opciones.

Tuvo la corrida buenas hechuras, con la alzada típica de este encaste, pero no exagerada, ni en volumen ni en arboladura, muy de esta plaza, con una segunda parte más fuerte y armados los tres últimos. Mucho peso tuvo la faena de Álvaro Lorenzo al alto y armónico segundo. Supo dejársela siempre muy puesta a un toro rajado que no tuvo más remedio que embestir, haciéndole romper hacia adelante. Siempre obligándolo, con pasmosa suavidad y mucho temple, ante un toro que salía con la cara alta, que siempre quiso irse, desluciendo el final del muletazo. Importante Lorenzo, firme y despejado, y además con buena expresión y buen encaje. Pinchó en el primer intento, saliendo tropezado, el toro lo arrolló, perdió pie y cayó al suelo el torero, pero el animal no hizo por él por su condición de manso. Estocada. Ligera petición de oreja. Vuelta al ruedo.

Al quinto, el más voluminoso del encierro, lo lanceó con temple Lorenzo, que le dio después todas las ventajas en la muleta a un toro noble, de medio muletazo, sin ritmo y remiso a embestir. Otra faena de perfecta colocación, en distancia, en ejecución. De temple y sometimiento, por ambas manos, dando al toro lo que precisaba en cada momento. Final de manoletinas. Buena estocada. Momento de apuro al salir del embroque. Providencial quite de Rafael González. Hubo silencio tras aviso, pero sin duda merecía una oreja.

Toreó con buenos lances Pepe Moral al cuarto, que sí humilló y tuvo fijeza de salida. Galleó también por chicuelinas para lucirlo en la distancia del caballo, donde cantó que fue alegre y pronto, pero el toro luego empujó sobre las manos, nunca con los riñones, sin emplearse nunca. Sevilla vio bravo a ese toro porque fue alegre al caballo, pero empujó con el tercio delantero y la cara alta en el peto y en la muleta le faltó raza y bravura. El toro se agarró al piso defendiéndose sin dar opciones al sevillano. El manso primero se aquerenció en tablas y tuvo complicaciones. Pepe Moral trató de hacerle romper hacia adelante pero el astado se rajó enseguida. No tuvo opción de lucimiento.

El molesto e incómodo tercero no se lo puso fácil a Ginés Marín. Fue un toro flojo que le marcó siempre la distancia, sin fijeza, sin clase, rajado y perdiendo celo siempre. Buena actitud de Ginés, que lo pasaportó de un espadazo. El incierto, áspero y rebrincado sexto embestía a arreones y exhibió gran Mérito el diestro para extraer series inexistentes. Fue de nuevo un as de espadas: Por su contundencia, porque es uno de los toreros que más puro mata y por cómo se perfila, y también por su forma de ejecutar la suerte.