Es un clásico: Sábado de farolillos y El Fandi. Pocos toreros tienen tan definida su ubicación en un abono como el granadino en La Maestranza. Un fijo en la quiniela. El penúltimo día, cuando La Feria da sus últimos coletazos, llega su turno y, generalmente, su triunfo. Hoy fue con un enclasado astado de la bien comida y mejor hechurada corrida de Fuente Ymbro. El resto se lo pueden imaginar. Un lío de los gordos en banderillas, vistosidad, alegría y recursos en el último tercio y por momentos, hasta relajo y temple manejando las telas. Contundencia estoqueadora, otra oreja para el currículum, y al año que viene, más.

Otro seguro en las apuestas es López Simón, aunque en esta ocasión el presidente obvió en el tercero una petición mayoritaria sin necesidad de acudir al VAR. Se quedó el de Barajas sin premio aunque méritos hizo con el lote de la corrida, pues también en el sexto sumó puntos, aunque luego el toro se tragara la muerte tras una estocada trasera y tendida. De los tres toros notables que envió Gallardo a El Baratillo ninguno cayó en manos de Ferrera, que se desenvolvió sereno y solemne, sin volver nunca la cara al infortunio.

El Fandi ya se hizo notar en el segundo, enmorrillado, apretado de carnes, tocadito arriba de pitones, al que había saludado con una larga de rodillas en el tercio. Acometió con prontitud y codicia en los primeros tercios el astado, aunque tendió a vencerse por el lado derecho. Aprovechó sus virtudes en banderillas el propio matador y disfrutó en este tercio del ritmo y el galope del toro para lucirlo y lucirse en tres pares que aunaron conocimiento de terrenos, facultades, vistosidad y reunión. Luego sin embargo el toro acrecentó el defecto de acostarse en los primeros compases de la faena de muleta, midió, y nunca terminó de entregarse. Lo mató con habilidad.

Bajo y cornidelantero, serio, imponente pero de extraordinarias hechuras, el quinto permitió a El Fandi volver a exhibirse con los palos antes de poner al público en pie en un fulgurante inicio de faena de rodillas en los medios, dándole metros al toro para luego imantarlo a la muleta en una sucesión de muletazos ligados en redondo, girando sobre las rodillas, mientras el toro embestía con boyantía y transmisión. Bajo los acordes de Amparito Roca, y con el toro acometiendo de modo franco, humillando, El Fandi diseñó una faena fluida y limpia, que además de muletazos con porte, de corte vertical, incluso de trazo despacioso, adobó con remates de mucha conexión con el tendido. Media estocada en la yema que tiró al toro sin puntilla de modo espectacular le sirvió para, una temporada más, cumplir con los pronósticos.

Otra debió cortar López Simón del tercero. Méritos hizo. Reunido de carnes, apretado de testa, enseñando las palas, el castaño oriundo de Los Romerales se movió con son, colocando la cara tanto en el saludo capotero como luego en la faena de muleta del torero madrileño, que lo embarcó siempre con la muleta por delante, dándole metros al principio de cada serie, dejándole el trapo en la cara y ligando todo mucho, la principal virtud de este torero. Después de una serie con la zurda donde al animal le costó más despegarse de los vuelos retornó a la diestra para apretar más al de Fuente Ymbro, que mantuvo un tono notable en su comportamiento, humillando y volteando siempre la cara en el embroque. Cerró faena a dos manos, genuflexo, el de Barajas y tras perfilarse a considerable distancia enterró el acero al primer envite. El desenlace ya está contado.

Más alto el sexto, al que saludó con buen juego de brazos Alberto, que inició por estatuarios al hilo de las tablas una faena en la que sobresalió por entidad la primera parte. Hubo series con hondura, porque a pesar de la verticalidad con la que interpreta este torero, cimbreó la cintura y corrió la mano con limpieza. Se desplazó con claridad y largura el animal, abriéndose de los vuelos. Pese a algún desajuste en forma de engachón en el último tramo, la obra tuvo reunión y buen embroque. Volvió a enterrar la espada al primer envite. Cayó tendida la espada, también un punto atravesada, y la tardanza del toro en doblar frenó la petición.

Saludó Ferrera con reposo y suavidad al castaño primero, animal fuerte, musculado y lleno, que hizo una salida abanta. No terminó de emplearse en el peto, marcó querencia además, y en banderillas estuvo a punto de herir a Montoliú, a quien tuvo a merced después de haber pasado en falso en el último par, porque el toro lo esperó primero, luego apretó para dentro y el subalterno valenciano no acertó a tomar el olivo. Un operario desde el callejón, con una gorrilla, le hizo uno de los quites de la feria.

Empezó Ferrera cerrado en tablas, pero en paralelo, sin apretar al toro, y dejándolo a su aire, acompañando con relajo, verticalidad y sutileza describió varias series de notable trazo, las últimas con la derecha, sin ayuda de la espada. Se vio con agrado la faena, que seguramente hubiera ganado en reconocimiento con una rúbrica más certera. Con más alzada, estrecho de sienes el cuarto, que quizá lesionado en una mano, perdió las manos en varias ocasiones durante la lidia. Ferrera lo intentó pero la continuidad fue imposible.