Al pie de la Semana Santa, Manzanares talló de Rosmary artesanal un muletazo que se convierte en pase y en Paso Santo. El de pecho. Tres monumentales abriendo y cerrando al toro entorno a su cintura y rematados en la hombrera contraria. O ese otro Paso Santo que fue un cambio de mano de iconografía. Y en ellos se sustentó la faena al quinto toro, el mejor de una corrida en la que @Roca Rey desnudó de argumentos a quienes, no se sabe si por puro acongoje o por creer que el toreo es lo que no es, no pidieron una oreja tras una faena de arrimón ojedista con el que cerró plaza. Buenas sensaciones de El Juli con una corrida de Victoriano del Río en tono menor y con algún toro de nota mayor.

La faena de José María Manzanares al quinto, el mejor toro del encierro, estuvo plagada de detalles, sobre todo, en los pases de pecho y en un cambio de mano. Pasajes brillantes que fueron la base, unida a la gran estocada en la suerte de recibir que valió la oreja, de una faena con un toro de triunfo mayor. El resto de la actuación quedó a media distancia entre el silencio y ese 'bien' clásico de Sevilla, que sólo pasó a ser olé en los finales. Una tanda de tres muletazos con la diestra y alguno en los lugares centrales de cada serie tuvieron mayor peso y eco.

En el segundo, un toro muy sevillano de presencia, quizá faltó más apuesta al alicantino en las primeras series, aquellas en las que el astado embistió con profundidad y transmisión, antes que el defecto de la mansedumbre pudiera más que la casta y acabara rajado. A veces el toro pidió ir a buscarle entre pase y pase al abrirse en demasía o irse suelto. Manzanares fue el triunfador numérico de la tarde dejando recuerdo de otro torero que, hace unos años, con lo mismo habría logrado más.

Manzanares es uno de los toreros que la afición sevillana más espera. Por eso el quite de Roca Rey, el que está llamado a mandar en el toreo, fue una llamada de atención. Primero, por replicar a uno de los toreros 'favoritos' de La Maestranza por el mismo palo y luego, por pasárselo más ceñido y sin ningún aspaviento.
.

Como sin alardes, el diestro peruano dominó y sometió al feo sexto, de hechuras y comportamiento más parecido a Atanasio Fernández que al encaste Domecq. Ante la uniformidad y los arreones del astado, Roca Rey asentó los talones en la arena y, con el valor seco y la cabeza fría que acostumbra, se dejó llegar los pitones a la taleguilla, al pecho y a la hombrera. Y, aparte de eso, sacó pases meritorios al toro. Una estocada permitió a Manzanares pasear el trofeo, sin embargo, un volapié en corto y por derecho, unido a su actuación, no fue aliciente para el público para pedir el trofeo. Ni siquiera saludó una ovación. Cosas de Sevilla.

El tercero, que apenas se le picó en el caballo, no acabó de salirse nunca de los vuelos de la muleta, por lo que el diestro peruano tuvo que perder pase y pase entre muletazo y muletazo, para conseguir que con inercia se tragara los pases. Volvió la firmeza de plantas y la seguridad en los toques de Roca Rey, que no estuvo acertado con la espada.

Parecida condición tuvo el cuarto, al que El Juli toreó superior de capa. Un toro que protestaba cuando el madrileño se quedaba en el sitio para ligar y sin romper para adelante. Tuvo que confiar el madrileño, tarea difícil cuando las complicaciones no llegan a los tendidos, en los momentos del embroque, para aguantar la embestida dormilona del astado, que como el tercero, no evidenció las compejidades que en realidad tenían.

Tuvo calidad el primero, además de una bravura que gastó en varas al encelarse mucho en el peto. Toro bueno al que le faltó más vida y duración en la
muleta con el que se vió a El Juli con buenas sensaciones, suelto de brazos y de muñecas, destacando en la faena una gran tanda con la izquierda y algunos derechazos de suave y largo trazo.