Segura de la Sierra: 'Torear en el Siglo XI'

MIGUEL FERNÁNDEZ MOLINA

Caminar entre sus piedras nos lleva, como a Azorín, a reflexionar sobre el paso del tiempo. Esta temática base en la producción del literato levantino, se torna protagonista en nuestro destino. Donde la hoy silenciosa quietud es heredera directa del antiguo ruido de batallas, de una Reconquista que jugó capítulo fundamental entre estas tierras y piedras hace ocho largos siglos.

Pero el tiempo de esta villa es incluso anterior. Muchos siglos después, Segura de la Sierra ha quedado como un refugio turístico de importancia en la provincia de Jaén. Su patrimonio se corona en el castillo, vigía del pueblo desde el S. XI y convertido en uno de los más peculiares cosos taurinos de toda la geografía mundial. Cada 6 y 8 de octubre su patio de armas se torna ruedo; su torre, enfermería y sus montañas, improvisadas gradas de una fiesta social que es el festival taurino.

La singular identidad de Segura, su castillo y su festival no pueden encontrar mejor difusión que en la voz de Lope Morales, una fuente de conocimiento de nuestro pasado y Presidente de la Federación Taurina de Jaén. Ligado por sangre y y corazón a esta villa, su historia familiar camina de la mano de la de este festejo.

'Hay mucho por contar', nos dice y se ríe. 'La tradición taurina segureña viene de la Edad Media'. Conviene explicar que por su situación, este fue un emplazamiento fundamental en el S.XIII -la Batalla que cambió el curso de la Reconquista tuvo lugar en Las Navas de Tolosa, localidad relativamente cercana, en 1212-. Con el tiempo y manteniendo su importancia geoestratégica, 'Segura de la Sierra llegó a convertirse en Encomienda de la Orden de Santiago. A su reclamo, los caballeros permanecían acuartelados y, como 'recogen las crónicas de aquellos años, 'por no dejar enmohecer las armas' [sic] los caballeros lanceaban astados en esta localidad, rica en ganado taurino. Ya entonces se refiere la existencia de toros en toda la zona de Sierra Morena y Sierra de Segura, explica nuestro interlocutor. Continúa: 'No hay referencias exactas de lo siguiente, pero es fácilmente imaginable que estos festejos con toros tuviesen lugar en lo que hoy sirve de coso, al pie del castillo. Nunca hubo plaza de obra como tal en el pueblo'.

Superado el periodo de actividad militar, el espectáculo taurino llega modificado y obligatoriamente evolucionado a nuestro tiempo. Igual que el Castillo, remodelado en la Edad Moderna y aún más a fondo en la era actual. Pero ni lo uno ni lo otro fueron cosa de un día, como es lógico. 'En la primera mitad del S.XX se soltaban vacas para los mozos del pueblo. Los toreros estoqueaban a los animales y luego pasaban la capa para recoger alguna perra gorda o chica [NDR: monedas de escaso valor económico]- que les tirasen. Pero aquello no dejaba de ser una fiesta espontánea. Fue 'Paquito' Esplá -padre de Luis Francisco y Juan Antonio y abuelo de Alejandro- quien le dio estructura.

Comienza ahí una historia de largo recorrido. La familia Esplá se encaprichó de este pequeño reducto serrano. La relación habría de dar sus frutos taurinos pronto: 'Sí, el nombre Esplá va ligado a Segura. De mano de 'Paquito' vino el primer cartel, con él, 'Pepito' Manzanares -padre del recordado maestro José María Manzanares- y Germán Morer, un espada levantino. Recuerdo que tiempo atrás estos festejos los organizaba mi padre y un día haciendo negocios de ganado en Santiago la Espada -pueblo a poca distancia- descubrió a un novillero llamado Paco Esplá, que tendría unos 17 años. Le conoció, le encantó y Paco, 'Paquito', ya sería un fijo en el pueblo. Digo en el pueblo, pues en él pasaba temporadas integrado con los vecinos'.

'Así, el patriarca de los Esplá estuvo viniendo a Segura de la Sierra unos 20 años. Dio una uniformidad general al festival, incluyendo el hecho de vestir de corto. Y con él, el pueblo participaba de la organización. Por ejemplo, en la elección de los toros. Pero con los años se terminó marchando a su tierra, donde tuvo su plaza'.

El paso del tiempo... Lope Morales calla por unos segundos. El final de la 'era Esplá' vino ligado a un ocaso de estas populares fiestas. En parte debido a que empezaron a perder parte de ese adjetivo: 'popular', que tanto orgullo producía a la villa jaenera. Quizá sea por ello que no quiera detenerse en aquellos años oscuros: 'Se dieron una serie de problemas que hicieron perder entidad al acontecimiento. Pero pronto recuperó fuerza'. ¿Por qué? 'Muy sencillo. Porque lo importante no es el cartel, sino el hecho en sí. Es una 'romería taurina' de aficionados de muchos lugares. Gente que no es aficionada, gente que igual ni sabía quién iba a torear, pero no fallaba a su cita con el festival'.

Aún así, rara era la 'peregrinación' que no encontraba un torero de referencia. Sus gentes han visto torear a Juan Antonio y Luis Francisco Esplá desde niños, José María Manzanares, los hermanos José Antonio y Tomás Campuzano, José Fuentes, un hoy desconocido Sancho Álvaro que responde al nombre de 'Sancho Dávila', y más recientemente, Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera, Curro Díaz... 'Y con todo, lo que importaba era el evento, fíjate que fuerza alcanzaba'.

Defender la personalidad única de Segura implica aplaudir el acierto de no haberse empapado de esa moda tan dañina que convirtió los festejos menores bien planteados en corridas de categoría menor. 'No, aquí siempre se han dado festivales. De manera ocasional se dieron festejos con rejoneadores, también alguna novillada sin picadores, ya más modernas, pero siempre han mandado los festivales. No es plaza para corridas, ni por instalaciones, ni por ruedo. Y tampoco es plaza para seis toros, por incomodidad del público. Alguna vez se ha hecho en estos años, pero no es lo suyo. Mejor de tres-cuatro novillos'. Y aún dice más: 'El motivo es que se equivoca quien piense que esto es un festival más, como el de ese pueblo o el de ese otro. No -exhorta-. Este no es un festejo más, no puede serlo, ni puede contarse así'.

¿En qué punto se encuentra hoy este evento social? 'Pienso que ha perdido parte de esa personalidad, porque el enganche antiguo se ha ido un poco, en aras, quizá, de esa modernización del toreo. No critico y de hecho la gestión de la empresa es buena, pero la tradición ha dado paso a un festejo relativamente convencional. Quizá sea la evolución lógica, pero con todo contamos con un patrimonio que pocos más tienen'.

Imágenes cedidas por Lope Morales y pertenecientes a su archivo.

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